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SALUD INFANTIL

A mi hijo le duele la cabeza: ¿cuándo debo preocuparme?

8 sep. 2026 5 min de lectura
A mi hijo le duele la cabeza: ¿cuándo debo preocuparme?

El curso acaba de empezar y la casa vuelve a llenarse de mochilas abiertas, calcetines que aparecen donde no deberían y botellas de agua que regresan intactas, como si hubieran pasado el día de excursión sin encontrar una sola gota de sed.

También vuelven los madrugones, los deberes, las prisas y esa frase que puede aparecer en cualquier momento, normalmente cuando ya estamos a punto de salir:

«Mamá, me duele la cabeza».

Entonces nos detenemos. Miramos al niño. Intentamos recordar si ha dormido bien, si ha desayunado, si lleva demasiadas horas con la tablet o si el dolor significa algo más importante.

La mayoría de las cefaleas infantiles no se deben a una enfermedad grave. Pero tampoco conviene despacharlas con un «no será nada» antes de escuchar.

Un dolor de cabeza puede aparecer después de un catarro, una noche corta, poca agua o demasiadas horas de concentración. También puede acompañar a una migraña, a una cefalea tensional o a una etapa de preocupación.

La cuestión no es asustarse ante cada dolor ni quitarle importancia. Es observarlo: cuándo aparece, cómo es, cuánto dura y qué otros síntomas lo acompañan.

El dolor de cabeza también forma parte de la infancia

Los niños pueden tener dolor de cabeza por motivos muy distintos. Un catarro, la fiebre, una otitis, haber dormido poco, beber menos agua de la necesaria o saltarse una comida pueden desencadenarlo.

También puede aparecer después de un día intenso, por tensión muscular, problemas de visión o preocupaciones relacionadas con el colegio.

Como recuerda la neuropediatra María José Mas, no hay dolores banales. El dolor físico y el emocional son reales y deben atenderse.

¿Cómo es el dolor de cabeza?

Los niños pequeños no siempre saben describir lo que sienten. Algunos dicen que les duele la cabeza; otros se muestran irritables, dejan de jugar, buscan silencio o vomitan.

Podemos preguntarles:

  • ¿Dónde te duele?
  • ¿Desde cuándo?
  • ¿Es una presión, un latido o un pinchazo?
  • ¿Te molesta la luz o el ruido?
  • ¿Tienes náuseas o ganas de vomitar?
  • ¿Habías dormido, comido y bebido bien?
  • ¿Qué estabas haciendo antes de que empezara?

No se trata de convertir la casa en una consulta. Solo de reunir información que ayude a entender lo que ocurre.

Las causas más frecuentes

Catarros, fiebre y otras infecciones

Los resfriados, la gripe, la fiebre, las infecciones de oído o una gastroenteritis pueden causar dolor de cabeza. En estos casos, suele mejorar cuando desaparece la infección.

Falta de sueño, hambre o deshidratación

El comienzo del curso cambia los horarios. Algunos niños duermen menos, desayunan deprisa o pasan muchas horas sin beber.

Antes de pensar en causas complejas, revisemos lo básico: sueño suficiente, comidas regulares, agua y pausas durante el día.

Pantallas, postura y esfuerzo visual

Las pantallas no explican todas las cefaleas, pero el uso prolongado, la falta de descansos y una mala postura pueden favorecer el cansancio ocular y la tensión muscular.

Si el dolor aparece al leer, mirar de lejos o concentrarse, merece la pena revisar la visión.

Estrés y emociones

El dolor puede aparecer antes de ir al colegio, durante los exámenes o después de un conflicto.

Eso no significa que el niño se lo esté inventando. La ansiedad y la preocupación pueden producir síntomas físicos verdaderos. Escuchar qué está ocurriendo en su entorno también forma parte de la valoración.

¿Es frecuente la migraña en los niños?

La migraña no es exclusiva de los adultos. Puede aparecer durante la infancia y hacerse más frecuente a medida que el niño crece.

Las cifras varían según los estudios, pero se estima que afecta aproximadamente a:

  • 3 % de los niños en edad preescolar.
  • Entre un 4 y un 11 % de los escolares.
  • Entre un 8 y un 15 % de los adolescentes.

Antes de la pubertad, aparece con una frecuencia parecida en niños y niñas. Después de la pubertad, es más frecuente en las chicas. A los 17 años, algunos estudios estiman que la han presentado aproximadamente el 8 % de los chicos y hasta el 23 % de las chicas.

Los cambios hormonales pueden influir, pero también los horarios irregulares, dormir menos, saltarse comidas, el estrés y el aumento del uso de pantallas.

En algunos chicos mejora alrededor de la pubertad. En algunas chicas puede empeorar o relacionarse con los cambios hormonales y, más adelante, con la menstruación.

¿Cómo se manifiesta la migraña infantil?

En los niños pequeños puede doler toda la cabeza o la frente. También pueden aparecer náuseas, vómitos, palidez, sensibilidad a la luz o al ruido y necesidad de acostarse.

En los adolescentes se parece más a la migraña adulta, con dolor pulsátil y mayor sensibilidad a la luz o al ruido.

Durante el episodio suele ayudar descansar en un ambiente tranquilo y con poca luz. Si el pediatra lo ha indicado previamente, puede administrarse el analgésico adecuado según la edad y el peso.

¿Qué es una cefalea tensional?

Suele describirse como una presión o como si llevaran un casco apretado. Puede relacionarse con cansancio, tensión emocional, contractura del cuello o muchas horas en una misma postura.

El descanso, el sueño regular, el movimiento y las pausas suelen ayudar. Si se repite con frecuencia, hay que comentarlo con el pediatra.

¿Qué podemos hacer en casa?

Podemos ofrecer agua, comprobar que ha comido, favorecer el descanso y reducir durante un rato la luz, el ruido y las pantallas.

También ayuda preguntar con calma qué estaba ocurriendo antes de que apareciera el dolor.

Si los episodios se repiten, una agenda puede resultar útil: fecha, hora, duración, intensidad, síntomas acompañantes, sueño, comidas, pantallas y posibles desencadenantes.

No debemos administrar analgésicos de forma repetida ni calcular las dosis a ojo.

¿Cuándo debemos consultar?

Hay que pedir valoración médica si:

  • Los dolores aumentan en frecuencia o intensidad.
  • Interrumpen el juego, las actividades o la asistencia al colegio.
  • Despiertan al niño por la noche o aparecen repetidamente al levantarse.
  • Se acompañan de vómitos persistentes, alteraciones visuales, desmayos o convulsiones.
  • Aparecen después de un golpe importante.
  • Se acompañan de debilidad, torpeza o dificultad para hablar, caminar o mover una parte del cuerpo.
  • Empeoran al toser, hacer fuerza o cambiar de postura.
  • Hay fiebre, rigidez de cuello y mal estado general.
  • El dolor es nuevo, muy intenso o diferente de los anteriores.

Una cefalea súbita y muy intensa, la pérdida de conciencia, una convulsión, una dificultad neurológica, una rigidez de nuca o un deterioro rápido requieren atención urgente.

¿Puede ser una excusa para no ir al colegio?

Puede ocurrir que el dolor aparezca en momentos relacionados con el colegio, pero eso no lo convierte en una excusa.

Primero hay que escuchar al niño y descartar causas físicas. Después podemos explorar si existe ansiedad, acoso, dificultades de aprendizaje, presión académica, problemas de relación o miedo a alguna situación concreta.

La pregunta no debería ser:

«¿Te duele de verdad?»

Sino:

«¿Qué crees que puede estar haciendo que te duela?»

Una última idea para las familias

La mayoría de las cefaleas infantiles son benignas y mejoran con descanso, hidratación, rutinas y el tratamiento adecuado.

A veces el dolor anuncia un catarro, una mala noche o demasiadas horas frente a una pantalla. Otras veces es la forma que tiene el cuerpo de pedir una pausa. Y algunas veces necesita una valoración médica.

Entre el alarmismo y la despreocupación hay un camino razonable: mirar al niño completo, no solo a su dolor.

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