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Aire acondicionado y niños: mitos, temperaturas y cómo utilizarlo correctamente

3 sep. 2026 • 5 min de lectura
Aire acondicionado y niños: mitos, temperaturas y cómo utilizarlo correctamente

Con la llegada del verano, las casas empiezan a calentarse. Primero aguantamos. Abrimos ventanas, bajamos persianas, ponemos algún ventilador. Hasta que llega ese momento en que ya no hay corriente de aire que valga y alguien enciende el aire acondicionado.

Y entonces aparece la frase de todos los veranos:

—No lo pongas tan fuerte, que el niño se va a resfriar.

Da igual dónde estemos. El aire acondicionado tiene la curiosa capacidad de dividir a las familias. Uno tiene calor, otro frío, alguien baja la temperatura a escondidas y otro vuelve a subirla cinco minutos después. Y si hay un bebé en casa, el niño está durmiendo o acaba de salir mojado de la piscina, el mando puede acabar pasando de mano en mano durante toda la tarde.

Pero ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Es malo el aire acondicionado para los niños? ¿Hay que tener más cuidado con los bebés? ¿Pueden dormir con él encendido?

Vamos por partes.

El aire acondicionado no provoca catarros

Empecemos por lo más importante: el aire acondicionado no fabrica virus.

Los catarros son infecciones respiratorias causadas por virus. Un niño no se infecta porque el termostato marque 24, 25 o 26 grados.

Otra cosa es que tengamos la habitación demasiado fría o demasiado seca. Puede aparecer sequedad de nariz o garganta, carraspera, molestias e incluso algo de tos. Y es entonces cuando solemos decir:

—¿Ves? Ha sido el aire.

Puede haber sido el aire el que le haya irritado la garganta. Pero no el que le haya provocado un catarro. No es lo mismo una vía respiratoria irritada que una vía respiratoria infectada.

¿Qué temperatura ponemos? La guerra del mando

Aquí empiezan las negociaciones. Uno quiere 22. Otro tiene frío a 24. Alguien lo pone a 26 cuando nadie mira. Y casi siempre hay quien asegura conocer esa temperatura exacta por debajo de la cual los niños empiezan a enfermar.

Pues no existe: No hay una temperatura pediátrica mágica.

La OMS utiliza alrededor de 27 °C como referencia durante los episodios de calor cuando se emplea aire acondicionado, que además puede combinarse con un ventilador. Pero eso no convierte los 27 grados en una cifra obligatoria.

Dependerá de la humedad, de la habitación, de cómo vaya vestido el niño, de si está jugando o durmiendo y, sencillamente, de si tiene calor o frío.

La regla es mucho más fácil: Buscamos confort, no frío.

No necesitamos convertir agosto en noviembre. Necesitamos que el niño esté a gusto.

Con un bebé no se puede poner aire acondicionado

Sí se puede. Y durante una ola de calor puede ser precisamente cuando más lo necesitemos.

Los lactantes y los niños pequeños toleran peor el exceso de calor. Por tanto, mantener una habitación fresca y agradable también forma parte de sus cuidados. Lo que tiene poco sentido es poner el aparato a 19 grados y después colocar al bebé calcetines, manga larga y una manta. Si tenemos que abrigarlo para compensar el aire acondicionado, quizá sea más sencillo subir un poco la temperatura.

  • ¿Y por la noche?

También pueden dormir con el aire encendido. No hay ninguna razón para apagarlo automáticamente en cuanto el niño cierra los ojos. Hay noches de verano en las que las paredes siguen desprendiendo el calor acumulado durante todo el día y dormir se hace difícil para cualquiera.

Podemos utilizar el modo nocturno, programarlo o dejar una temperatura estable.

Y para saber si hemos acertado no hace falta demasiada tecnología: tocamos al niño.

Si está confortable y no está sudando ni frío, probablemente la temperatura sea adecuada.

  • Pero que no le dé directamente

Aquí sí hay algo de razón. Tener durante horas un chorro de aire frío dirigido hacia la cara no resulta agradable. Puede resecar las mucosas, irritar la garganta o simplemente hacer que el niño tenga frío. Así que mejor orientar las lamas y repartir el aire por la habitación, especialmente si el aparato está cerca de la cama o de la cuna. Pero no porque una corriente de aire provoque una neumonía.

El aire directo puede resultar molesto. No produce una infección.

  • ¡Acaba de salir de la piscina! Que no entre con el aire puesto

Otro clásico. El niño aparece chorreando y alguien corre hacia el mando del aire.

Es verdad que estando mojado puede sentir frío con mayor facilidad. El agua se evapora sobre la piel y perdemos calor. La solución tampoco requiere demasiada ciencia: secarlo.

Puede tener frío si entra mojado en una habitación fresca. Pero ese cambio de temperatura no crea de repente un virus que antes no estaba allí.

  • ¿Y los cambios bruscos de temperatura?

No hace falta buscarlos. Pasar de 38 grados en la calle a 19 en el salón puede resultar desagradable y, en algunas personas, favorecer molestias o irritación de las vías respiratorias. Pero no provoca una infección.

Otra razón más para no empeñarnos en tener la casa fría cuando basta con tenerla fresca.

La humedad: la gran olvidada

Nos pasamos el verano mirando los grados del mando y casi nunca miramos la humedad.

Y también importa. El aire acondicionado suele reducirla, algo que en lugares con veranos calurosos y húmedos se agradece bastante. Pero tampoco interesa un ambiente excesivamente seco.

Como referencia, la EPA recomienda mantener la humedad relativa entre el 30 y el 50 %, procurando que no permanezca por encima del 60 %.

Un pequeño termómetro-higrómetro puede ser bastante útil. Y probablemente aporte más información que seguir discutiendo eternamente si el aparato debe estar a 25 o a 26 grados.

¿Y si el niño tiene asma o alergia?

No tiene prohibido el aire acondicionado. Aquí importa bastante más la calidad del aire que respira. Polvo, ácaros, humedad y moho pueden empeorar los síntomas de algunos niños con asma o alergia. Por eso conviene mantener el aparato en buenas condiciones y limpiar o sustituir los filtros cuando corresponda.

Porque no es lo mismo un aparato bien mantenido que ese filtro que lleva tres veranos acumulando polvo y que preferimos no mirar demasiado de cerca.

¿Tener aire significa no ventilar?

No. Enfriar una habitación y renovar el aire son dos cosas diferentes. Podemos tener un salón estupendamente climatizado y mal ventilado.

En verano podemos aplicar una lógica bastante sencilla: cuando fuera hace mucho más calor que dentro, cerramos ventanas, bajamos persianas o toldos y evitamos que entre el calor. Cuando refresca, aprovechamos para ventilar.

Abrir todas las ventanas a las cuatro de la tarde con 38 grados porque «hay que ventilar» probablemente consiga renovar el aire.

Y calentarnos la casa de paso.

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Aire acondicionado y niños: las 7 reglas para hacerlo bien

  1. Buscamos confort, no frío. No existe una temperatura pediátrica mágica. Como referencia durante los episodios de calor, podemos situarnos alrededor de los 27 °C y adaptarlo al confort del niño.
  2. Los bebés también pueden estar con aire acondicionado. En los días de mucho calor es especialmente importante evitar el sobrecalentamiento de lactantes y niños pequeños.
  3. Pueden dormir con el aire encendido. No hay que apagarlo simplemente porque el niño se haya dormido.
  4. Evita el chorro directo. Puede resultar incómodo o irritante. No porque produzca neumonías.
  5. Mira también la humedad. Como referencia, entre el 30 y el 50 %, procurando que no permanezca por encima del 60 %.
  6. Filtros limpios y aparato bien mantenido. Especialmente si en casa hay niños con asma, alergia o sensibilidad respiratoria.
  7. Tener aire acondicionado no significa dejar de ventilar. Aprovecha las horas más frescas para renovar el aire.

Y una octava, aunque ya no nos quepa en el recuadro

El aire acondicionado no provoca catarros.

Los catarros los provocan los virus.

Un verano con algunos mitos menos

Los bebés pueden estar en una habitación con aire acondicionado. Los niños pueden dormir con él encendido. No tenemos que apagarlo porque acaben de salir de la piscina. Tener asma no significa tenerlo prohibido. No existe una temperatura pediátrica mágica. Y una corriente de aire no fabrica neumonías.

Aun así, este verano volveremos a escuchar:

—Apaga el aire, que el niño se va a resfriar.

Y el verano que viene, seguramente también.

Mientras tanto, podemos utilizarlo con bastante tranquilidad: una casa fresca, una temperatura agradable, una humedad razonable, filtros limpios y sentido común.

Sin pasar calor.

Y sin convertir el dormitorio en el pasillo de congelados del supermercado.

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