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Dos Mari Carmen y una pregunta: ¿quién cuida cuando el sistema se deshace?

10 oct. 2026 • 7 min de lectura
Dos Mari Carmen y una pregunta: ¿quién cuida cuando el sistema se deshace?

Dr. José A. Bilbao · Berrinches & Abrazos

Hay una palabra que llevo días sin poder quitarme de encima, y es «muela». Es una palabra pequeña, doméstica, de las que se dicen en la cocina. Nadie tiene miedo de una muela. Te la sacan, te dan una gasa para morder, te dicen que no comas caliente esa tarde y al día siguiente estás en el trabajo contándolo. Por eso me ha impresionado tanto encontrarla donde la encontré, en la boca de alguien que estaba explicando una operación en el cerebro.

Mari Carmen vive en Móstoles. En 2022 tenía 65 años y fue al hospital por un problema de pulmón. Le hicieron pruebas, como se hacen siempre, y en una de esas imágenes apareció algo que nadie estaba buscando: un aneurisma cerebral pequeño, de esos que pueden pasar una vida entera sin dar la cara. A ella no le dolía nada. No sabía que lo tenía hasta que se lo dijeron. La enviaron al Hospital Puerta de Hierro y allí le propusieron operarlo. Según contó después su marido a elDiario.es, se lo presentaron como algo sencillo, como sacarse una muela. Un día en cuidados intensivos y a casa.

No volvió a casa como se fue. Después de la intervención tuvo un ictus y desde entonces necesita ayuda para casi todo. Su marido y sus hijas se han convertido en sus manos y en buena parte de su memoria. En julio de 2025 un juzgado de Madrid condenó a la aseguradora del Servicio Madrileño de Salud a pagarle algo más de 821.000 euros. El juez entendió que la operación no era necesaria en ese momento y que no consta que le explicaran las alternativas ni los riesgos. La aseguradora ha recurrido, así que la familia sigue esperando.

Yo no he visto su historia clínica y no voy a hacer de perito desde un periódico. Lo que sí puedo decir es que esa frase la conozco. No esa exactamente, pero sí sus primas hermanas: «esto es una tontería», «no te preocupes, que esto lo hacemos todos los días», «en un rato estás fuera». Las he oído en pasillos y, para ser sincero, alguna vez se me ha escapado a mí con unos padres que tenían cara de no haber dormido. Se dicen con buena intención, para quitar el miedo. El problema es que, a veces, junto con el miedo se va también la información, y la persona firma o dice que sí sin saber muy bien a qué.

Con los años he aprendido a desconfiar de los asentimientos. Una madre que mueve la cabeza mientras le explicas algo puede estar entendiéndolo todo o puede estar pensando en cómo va a pedir otro día libre en el trabajo. Muchas familias no preguntan porque les da apuro, porque hay gente esperando fuera o porque dan por hecho que el médico ya sabe lo que conviene. Y en pediatría hay un detalle más: quien decide suele ser el padre o la madre, pero quien se tumba en la camilla es el niño, que conforme crece tiene derecho a enterarse de qué le estamos haciendo y por qué.

Un hallazgo casual no siempre es una enfermedad que haya que tratar ya. Esperar y vigilar también es medicina, y a veces la mejor. Pero para que una persona pueda elegir esperar alguien tiene que contarle que esa opción existe, y eso lleva tiempo, el bien que más escasea en una consulta.

Me ha llamado la atención otra cosa del caso. La familia habla de rehabilitación, de cómo moverla, de un coche en el que vaya más cómoda. La aseguradora habla de cuantías y de recursos de apelación. Leen el mismo expediente, pero no ven lo mismo, porque a un lado de la mesa hay un número con muchos ceros y al otro una mujer a la que hay que levantar de la cama cada mañana.

La otra Mari Carmen

La segunda se llamaba Maricarmen Abascal y tenía 87 años. Vivía en un piso de la calle Alcalde Sáinz de Baranda, en el barrio de Retiro, desde 1956. Llegó con 17 años, con un contrato de renta antigua que había firmado su padre. Setenta años en el mismo sitio dan para que una casa deje de ser un lugar y se convierta en una extensión del cuerpo. Uno sabe dónde está el interruptor sin mirar, qué baldosa cruje y cuánto hay que levantar la puerta del armario para que cierre. A partir de cierta edad, buena parte de la autonomía de una persona consiste en eso, en conocer su casa a oscuras.

En 2018 un fondo compró el edificio y empezó el pleito. Maricarmen tenía reconocida una discapacidad del 50 % y le costaba mucho moverse. Hubo cuatro intentos de desahucio. Los tres primeros se suspendieron. El cuarto, el 23 de septiembre, no. Hubo un despliegue policial grande, de esos que salen en el telediario, y ella salió de su casa en camilla, directamente al Gregorio Marañón.

Mientras estaba ingresada, su abogada y la propiedad llegaron a un acuerdo. Un contrato nuevo de ocho años, con una renta ajustada a lo que ella cobraba. Podía volver. Ella llegó a saberlo. Lo único que le faltaba era el alta, y el alta no llegó. Murió en el hospital el 7 de octubre, quince días después de salir de su casa en camilla. Desde la cama pedía a los que iban a verla que siguieran luchando.

No se ha publicado de qué murió y no me corresponde adivinarlo. Tampoco se puede decir, con los datos que tenemos, que el desahucio la matara. Pero cualquiera que haya cuidado a personas mayores sabe lo que pasa cuando se les rompe el entorno: se desorientan, dejan de comer, duermen mal, se apagan. Su abogada contaba que al principio del proceso todavía caminaba y que en los últimos intentos ya salía en silla de ruedas. No hace falta un informe para entender lo que eso significa.

Los médicos lo llamamos determinantes sociales de la salud, que es una manera elegante de decir que dónde vives, si llegas a fin de mes y si tienes miedo a que te echen pesa en tu salud tanto como un tratamiento. En la consulta de pediatría lo veo continuamente. Los niños no dejan los problemas de casa en el felpudo de la entrada; los traen puestos. Les puedo recomendar rutinas de sueño, fruta y una crianza tranquila, pero hay familias que están pensando en cómo pagar el mes que viene, y conviene acordarse de eso antes de dar consejos y, sobre todo, antes de juzgar a unos padres por no seguirlos.

Lo que vi después

Luego vinieron las reacciones políticas, y ahí me fui poniendo triste. Unos hablaron de asesinato. Otros acusaron a los primeros de aprovecharse de una muerta. En la Asamblea de Madrid no se llegó a guardar el minuto de silencio. Me quedé pensando en ese minuto que no hubo, sesenta segundos que nadie fue capaz de compartir con nadie.

No milito en ningún partido y no escribo esto para que nadie vote a unos o a otros. Entiendo que haya debate sobre las leyes, sobre quién tenía que haber hecho qué y sobre cómo se ejecutan las sentencias, y me parece bien que lo haya. Lo que me cansa es que todo, incluso la muerte de una mujer de 87 años, acabe convertido en otro asalto de la misma pelea. Echo de menos políticos que escuchen antes de contestar, que admitan que el de enfrente puede tener razón en algo y que hablen de listas de espera, de atención primaria, de vivienda y de cuidados sin que cada frase sea un golpe.

Mientras tanto, la sanidad se va descosiendo sin hacer ruido. Consultas de cinco minutos, compañeros agotados que se marchan, plazas de pediatría que no se cubren, servicios que se externalizan y familias que tienen que pasarse años en los juzgados para que alguien les dé la razón. Nada de eso es noticia hasta que tiene nombre y apellidos. Esta semana ha tenido dos.

Begoña Román

Cuando intento ordenar todo esto vuelvo siempre a Begoña Román, filósofa y profesora de la Universitat de Barcelona. Es una de las personas que más me han ayudado a pensar en mi oficio. En un artículo de 2020 escribía sobre la necesidad de ir más allá de los comités de ética y construir una verdadera cultura bioética dentro de las instituciones. Dicho de otra forma, no basta con tener protocolos, comités y profesionales bien formados si la organización, en su día a día, funciona como si nada de eso existiera.

Me parece una idea muy sencilla y muy difícil de cumplir. Durante años hemos hablado de la ética del médico y de la enfermera, de si respetamos la autonomía del paciente o de si somos prudentes. Pero ¿qué hace un profesional que quiere explicar bien un diagnóstico cuando tiene seis minutos por paciente? Las instituciones también tienen carácter. Se les nota en cómo reciben a la gente, en cómo atienden una reclamación y en si son capaces de reconocer que se han equivocado.

He estado al frente de un centro médico y sé lo que son los presupuestos, las plantillas y los contratos. Nadie gestiona por gusto ni es fácil. Pero gestionar bien no puede reducirse a que cuadren las cuentas; hay que acordarse, de vez en cuando, de para quién se cuadran.

El 29 de noviembre

El Gobierno ha convocado elecciones generales para el 29 de noviembre. No voy a decir a nadie qué votar. Yo voy a intentar escuchar respuestas concretas sobre qué se piensa hacer con la atención primaria, con la vivienda y con las personas dependientes y sus familias, y voy a desconfiar de las promesas que no vengan con una explicación de cómo se cumplen. También me voy a fijar en cómo habla cada uno. Llevo toda la vida intentando que una conversación sirva para entendernos, y me cuesta aceptar que el insulto se haya vuelto una herramienta de trabajo.

A mis compañeros les digo lo mismo que me digo a mí: expliquemos las cosas aunque vayamos con retraso y aunque nos parezcan evidentes, y escuchemos lo que nos contestan. A las familias, que pregunten. Si hace falta hacerlo ya, qué otras opciones hay, qué pasa si se espera. No molestan. Un buen profesional prefiere una pregunta a un asentimiento.

Una de las dos Mari Carmen pensaba jubilarse tranquila con su marido. La otra solo quería seguir viviendo donde había vivido siempre. Ninguna pedía nada raro. La primera sigue en Móstoles, esperando a que un tribunal decida lo que vale su vida de antes. La segunda tenía un contrato nuevo esperándola en un cajón y no llegó a usarlo.

No sé si el sistema se está deshaciendo o si simplemente se le ha olvidado para qué lo construimos. Lo que sí he visto es que, cuando falla, casi nunca lo paga quien firmó la decisión.

Dr. José A. Bilbao Berrinches & Abrazos · Pediatría para la vida real


Fuentes y lecturas

  • Noriega, D. «Mari Carmen quedó postrada tras una operación que no debió realizarse: "Dijeron que era como sacarse una muela"». elDiario.es, 5 de abril de 2026.
  • Asociación El Defensor del Paciente. Información sobre la sentencia relativa al aneurisma tratado en el Hospital Puerta de Hierro, marzo de 2026.
  • RTVE Noticias. «Muere Maricarmen Abascal», 7 de octubre de 2026.
  • El País. «Cronología del caso Maricarmen», 7 de octubre de 2026.
  • «¿Por qué Maricarmen no pudo volver a su casa pese a recuperar el derecho a vivir en ella?». El Pespunte, 7 de octubre de 2026.
  • Real Decreto 806/2026, de 5 de octubre, de disolución del Congreso de los Diputados y del Senado y de convocatoria de elecciones. BOE.
  • Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente.
  • Román Maestre, B. «Más allá de los Comités de Ética Asistencial: hacia una cultura bioética». Folia Humanística, 2020; 2(2): 1-17. DOI: 10.30860/0064.
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