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# Fiebre infantil: dosis seguras de antitérmicos y signos de alarma
- URL: https://www.berrinchesyabrazos.es/fiebre-infantil-dosis-seguras-de-antitermicos-y-signos-de-alarma/
- Published: 2026-08-30T19:31:20.000Z
- Updated: 2026-08-31T17:20:35.000Z
- Author: JOSE ANGEL BILBAO SUSTACHA
- Tags: SALUD INFANTIL, #Recursos, #Imprimible, #tipo-infografía

### *No tienes tiempo: te lo resumo*

- La fiebre **no es una enfermedad**. Es una respuesta del organismo, generalmente frente a una infección.
- **No siempre hay que tratarla**. Si el niño se encuentra bien, el número del termómetro por sí solo no obliga a dar un antitérmico.
- Los antitérmicos se dosifican **según el peso**, no según la edad.
- Paracetamol e ibuprofeno pueden utilizarse con seguridad cuando están indicados y se administran a la dosis correcta. El metamizol requiere algunas consideraciones adicionales.
- **No conviene alternar antitérmicos de forma rutinaria**: complica las pautas y facilita los errores.
- Tampoco tiene sentido administrarlos «por si acaso».
- Importa mucho más **cómo está el niño** que conseguir que el termómetro marque 37 °C.
- Al final encontrarás las infografías con las dosis, recomendaciones prácticas y signos de alarma.
- Y, naturalmente, si algo del estado del niño te preocupa, consulta.

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La fiebre sigue siendo uno de los motivos de consulta más frecuentes en pediatría y también uno de los que más inquietan a las familias. Resulta curioso porque, en la mayoría de las ocasiones, no es el problema, sino **una de las respuestas que pone en marcha el organismo para enfrentarse a él**.

Pero basta que el termómetro marque 39 °C para que toda esta explicación fisiológica pierda rápidamente parte de su encanto.

Hay algo en ese número que impresiona.

## ¿Por qué nos preocupa tanto la fiebre?

Probablemente porque llevamos generaciones escuchando que la fiebre «quema el cerebro», provoca convulsiones o puede seguir subiendo indefinidamente si no hacemos algo para detenerla. Son ideas profundamente arraigadas y difíciles de desmontar a las tres de la madrugada, con un niño caliente en la cama y un termómetro en la mano.

Además, la fiebre tiene una característica especialmente eficaz para generar preocupación: **se puede medir:** 38,2; 39;39,7\. Y cuanto mayor es el número, mayor parece el peligro.

Sin embargo, en pediatría, **la temperatura alcanzada por sí sola dice bastante menos de lo que solemos pensar sobre la gravedad de una enfermedad**.

Un niño con 39 °C que bebe, responde, protesta porque le hemos quitado el mando de la televisión y mantiene un buen estado general puede resultar mucho menos preocupante que otro con 37,5 °C que está pálido, apagado, respira con dificultad o apenas responde.

Por eso, cuando un niño tiene fiebre, conviene mirar primero **al niño y después al termómetro**.

## Tener fiebre no significa estar grave

La fiebre es un síntoma. No es un diagnóstico.

Para valorar a un niño nos interesa saber cómo se encuentra, cómo respira, si bebe, si orina, si responde normalmente, si tiene dolor importante o si han aparecido otros síntomas que puedan indicar que necesita valoración médica.

El termómetro aporta información, naturalmente, pero es solo una pieza más.

Esta diferencia parece sencilla cuando la explicamos en consulta. Resulta algo más difícil recordarla cuando son las cuatro de la mañana y aparecen 39,6 °C en la pantalla.

Precisamente por eso merece la pena entender qué estamos tratando cuando damos un antitérmico.

## El objetivo no es conseguir 37 °C

Durante mucho tiempo hemos hablado de «bajar la fiebre» como si el objetivo del tratamiento fuera ganar una batalla contra el termómetro.

No lo es.

**Tratamos el malestar del niño, no una cifra.**

Si tiene fiebre pero está razonablemente confortable, bebe y se relaciona con normalidad, no siempre necesita medicación. Si está dolorido, incómodo o claramente molesto, un antitérmico puede ayudarle.

Y tampoco necesitamos que después del medicamento desaparezca completamente la fiebre. Que pase de 39 °C a 38 °C y el niño vuelva a beber, hablar o jugar es una respuesta perfectamente útil.

## ¿Y las convulsiones febriles?

Este es probablemente uno de los grandes miedos asociados a la fiebre.

Las convulsiones febriles existen y presenciar una puede ser extraordinariamente angustiante para una familia. Pero hay una idea especialmente importante: **dar antitérmicos no ha demostrado prevenir las convulsiones febriles**.

Además, las convulsiones febriles simples suelen tener una evolución favorable y no implican que el niño vaya a desarrollar epilepsia ni que la fiebre le haya producido una lesión cerebral.

Por tanto, tampoco tiene sentido perseguir obsesivamente cada décima de temperatura intentando evitar una convulsión.

## Antitérmicos: aquí sí importa hacer bien las cuentas

Cuando decidimos utilizar un antitérmico, aparece otra fuente frecuente de errores: la dosis.

En pediatría no deberíamos pensar:

*«Tiene seis años, ¿cuántos mililitros le doy?»*

La pregunta correcta es:

**«¿Cuánto pesa?»**

Las dosis pediátricas se calculan habitualmente en miligramos por kilogramo de peso. Después hay que convertir esos miligramos en los mililitros correspondientes según la concentración del preparado que tenemos en casa.

Y ahí está una de las trampas.

Dos frascos pueden contener el mismo medicamento y tener concentraciones diferentes. Por eso copiar los mililitros que tomaba un hermano, utilizar una pauta antigua después de que el niño haya ganado peso o cambiar de presentación sin comprobar la concentración puede acabar produciendo errores.

## Paracetamol, ibuprofeno… ¿y metamizol?

Paracetamol e ibuprofeno son los antitérmicos utilizados habitualmente en pediatría. Ambos pueden ser adecuados cuando están correctamente indicados, pero **no son intercambiables en cualquier situación** y tienen contraindicaciones y precauciones diferentes.

El metamizol merece un tratamiento algo distinto. Se utiliza en España, pero su perfil de seguridad y sus indicaciones hacen aconsejable **no presentarlo simplemente como una tercera alternativa equivalente para la automedicación doméstica**.

Por eso, si incluimos metamizol en una tabla de dosis, conviene dejar claro cuándo puede utilizarse y bajo qué indicación.

![](https://storage.ghost.io/c/09/28/0928ff72-acbf-453e-b60a-c8fe5817f7b3/content/images/2026/08/Paracetamol-GotasMin-1.png)

![](https://storage.ghost.io/c/09/28/0928ff72-acbf-453e-b60a-c8fe5817f7b3/content/images/2026/08/IbuprofenoSoluci--nMIN-1.png)

[IbuprofenoSoluciónIbuprofenoSolución.pdf186 KBdownload-circle](https://www.berrinchesyabrazos.es/content/files/2026/08/IbuprofenoSoluci--n.pdf "Download")

[Paracetamol GotasParacetamol Gotas.pdf167 KBdownload-circle](https://www.berrinchesyabrazos.es/content/files/2026/08/Paracetamol-Gotas.pdf "Download")

## Alternar medicamentos no suele mejorar las cosas

Cuando la fiebre reaparece antes de la siguiente dosis, es tentador entrar en una especie de ingeniería doméstica:

Paracetamol a las ocho.  
Ibuprofeno a las once.  
Paracetamol a las dos.  
Y a las cinco de la mañana ya nadie recuerda exactamente qué tomó el niño, cuánto tomó ni quién se lo dio.

La alternancia rutinaria de paracetamol e ibuprofeno **no debería ser la pauta habitual**. Puede aumentar la complejidad del tratamiento y, con ella, el riesgo de errores de dosificación.

Si un niño necesita medicación, es preferible utilizar correctamente un fármaco adecuado y reevaluar su estado.

## Tampoco hace falta adelantarse a la fiebre

Otra costumbre frecuente es administrar un antitérmico porque «parece que le está empezando a subir».

Los antitérmicos no son una vacuna contra la fiebre.

No necesitamos medicar a un niño confortable para impedir que dentro de dos horas alcance determinada temperatura. Tampoco administrarlos antes de dormir simplemente para intentar garantizar una noche sin fiebre.

Si aparece malestar, lo tratamos. Si no lo hay, podemos observar.

## Entonces, ¿cuándo debe preocuparnos?

Aquí volvemos al principio: **al niño, no solo al termómetro**.

Nos preocupa un niño con mal estado general, dificultad para respirar, somnolencia anormal o dificultad para despertarlo, signos de deshidratación, manchas cutáneas compatibles con petequias, rigidez de cuello, una convulsión o cualquier deterioro llamativo de su estado habitual.

Y hay una situación que merece una consideración especial: **la fiebre en un lactante menor de tres meses requiere valoración médica**.

También importa la evolución. Un niño que inicialmente estaba bien puede necesitar ser reevaluado si empeora, aparecen nuevos síntomas o la fiebre persiste.

## El termómetro es útil. El niño, mucho más

La fiebre preocupa porque aparece de repente, rompe planes, interrumpe noches y nos recuerda algo que a los padres nos resulta particularmente incómodo: no podemos controlar todo lo que les ocurre a nuestros hijos.

Quizá por eso miramos tanto el termómetro. Nos proporciona un número y los números parecen manejables.

Pero en pediatría hay una pregunta mucho más útil que «¿cuánto tiene?»:

**¿Cómo está?**

Mirarlo, hablarle, comprobar cómo respira, ofrecerle líquidos y observar cómo responde suele aportar mucha más información que perseguir cada décima.

La fiebre no necesita convertirse en una enemiga. La mayoría de las veces es simplemente **una señal de que el organismo está respondiendo a algo**.

Y nuestro trabajo no consiste en hacer desaparecer esa señal a cualquier precio, sino en saber acompañarla, tratar el malestar cuando sea necesario y reconocer cuándo detrás de ella puede haber algo que merece ser valorado.

**El termómetro nos da una cifra. El niño nos cuenta el resto.**