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# ¿Hay que cambiar de leche cuando un bebé llora?
- URL: https://www.berrinchesyabrazos.es/hay-que-cambiar-de-leche-cuando-un-bebe-llora/
- Published: 2026-09-15T09:37:26.000Z
- Updated: 2026-09-15T09:37:25.000Z
- Author: JOSE ANGEL BILBAO SUSTACHA
- Tags: SALUD INFANTIL, Llanto, Lactancia artificial, #audiencia-todos, #Para padres

Si llevas unas semanas con un bebé en casa, es muy probable que alguien ya te haya dado alguno de estos consejos: que pruebes otra leche, que esa marca da muchos gases, que al suyo le pasaba lo mismo y mejoró en cuanto se la cambiaron, que igual es intolerante a la lactosa o que hay una leche especial para los cólicos.

Y así, casi sin darnos cuenta, nos encontramos con bebés de dos meses que ya han pasado por tres o cuatro fórmulas distintas. Una porque lloraba, otra porque tenía gases, otra porque regurgitaba y otra porque hacía mucha fuerza para hacer caca.

La pregunta parece lógica: si después de comer el bebé está incómodo, ¿será que la leche le sienta mal?

A veces sí. Pero muchas otras veces, no.

Y creo que uno de los cambios más importantes que hemos vivido en Pediatría durante los últimos años es precisamente este: cuanto mejor entendemos cómo funciona el aparato digestivo del lactante, menos necesidad tenemos de cambiar de fórmula ante cualquier síntoma.

No porque las fórmulas especiales no sirvan —algunas son muy útiles—, sino porque el problema aparece cuando intentamos utilizarlas para corregir comportamientos que, en realidad, forman parte de la maduración normal de un bebé.

## El bebé llora. ¿Por qué pensamos enseguida en la leche?

Tiene su lógica. Durante los primeros meses, la vida de un bebé gira casi por completo alrededor de comer, dormir, hacer caca y llorar. Si el llanto aparece justo después del biberón, la relación parece evidente: ha comido, está incómodo, luego la leche le sienta mal.

Pero que dos cosas ocurran una detrás de otra no significa necesariamente que una sea la causa de la otra.

Un lactante puede llorar después de comer porque tiene sueño, porque necesita contacto, porque ha tragado aire, porque está sobreestimulado o, sencillamente, porque durante las primeras semanas el llanto es una de sus principales formas de comunicarse.

También puede regurgitar, tener gases, ponerse rojo y empujar durante diez minutos para acabar haciendo una deposición completamente blanda. Puede pasar un día sin hacer caca. Puede encoger las piernas y llorar desconsoladamente durante un rato para quedarse dormido tranquilamente poco después.

Todo esto puede ocurrir —y ocurre— en un bebé perfectamente sano.

La regurgitación, el cólico y algunos trastornos funcionales de la defecación son muy frecuentes durante los primeros meses y suelen tener una evolución benigna. Por eso, antes de recurrir a una fórmula especial, hay algo bastante menos sofisticado pero muchas veces mucho más útil: explicar a los padres qué está ocurriendo y comprobar que realmente estamos ante un bebé sano.

## **No todo lo que mejora después de cambiar una lech**e mejora gracias a la leche

Esta es, probablemente, la idea más importante de todo el texto.

Imaginemos un bebé de seis semanas que llora mucho por las tardes. El lunes cambiamos de fórmula. El viernes parece estar mejor. La conclusión resulta casi inevitable: **era la leche**.

Puede ser.

Pero durante esos cuatro días también han ocurrido otras cosas. El bebé tiene cuatro días más, su intestino ha madurado cuatro días y su sistema nervioso también. Quizá duerme algo mejor. Quizá sus padres han aprendido a reconocer antes cuándo está cansado. O quizá simplemente está dejando atrás unos días especialmente malos.

Muchos trastornos gastrointestinales funcionales del lactante mejoran espontáneamente con el paso de las semanas. Cuando encadenamos varios cambios de fórmula llega un momento en que resulta casi imposible saber qué fue lo que realmente funcionó.

Hay algo que los pediatras aprendemos con los años y que no siempre resulta fácil transmitir cuando delante tenemos unos padres agotados: 

> **en Pediatría, el tiempo también forma parte del tratamiento**.

## Hace años cambiábamos más de leche

Durante mucho tiempo hemos recurrido a fórmulas parcialmente hidrolizadas o a las llamadas fórmulas *confort* para prácticamente cualquier molestia digestiva: gases, cólicos, regurgitación, estreñimiento o digestiones aparentemente difíciles.

Y todavía se utilizan. Lo que ha cambiado es que conocemos mejor sus límites.

El posicionamiento del Comité de Nutrición de la ESPGHAN publicado en 2024 revisó precisamente las fórmulas comercializadas para la regurgitación, el cólico y el estreñimiento. Su conclusión general es bastante prudente: para muchos de estos trastornos, la evidencia que respalda el uso de fórmulas especiales sigue siendo limitada.

Eso no significa que ninguna funcione. Significa que antes de cambiar el biberón conviene saber qué estamos intentando tratar.

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## ¿Tiene muchos gases o cólicos?

El cólico del lactante es probablemente el mejor ejemplo. Un bebé pequeño que crece con normalidad puede pasar horas llorando, sobre todo por la tarde o por la noche, sin que exista detrás ninguna enfermedad digestiva.

Y aquí entra en juego algo que hemos aprendido a mirar de otra manera: **no todo el llanto que parece digestivo nace necesariamente en el intestino**.

Intestino y cerebro mantienen una comunicación permanente. El sueño, la sobreestimulación, la todavía inmadura capacidad del bebé para regularse, el dolor y las propias sensaciones intestinales se influyen mutuamente. El bebé no separa en compartimentos lo que ocurre en su barriga, su cerebro, su sueño o su entorno. Todo forma parte del mismo organismo que todavía está aprendiendo a regularse.

Por eso resulta demasiado sencillo reducir el cólico a «algo que le sienta mal».

Se han probado fórmulas parcialmente hidrolizadas, fórmulas con menos lactosa, distintos prebióticos o probióticos y combinaciones variadas de estos componentes. Sin embargo, el documento de ESPGHAN de 2024 no recomienda de forma general las fórmulas especiales anticólico por falta de evidencia clínica suficiente. Tampoco hay evidencia suficiente para considerar que hidrolizar las proteínas o reducir la lactosa, por sí solos, sean tratamientos eficaces del cólico.

Así que, antes de preguntarnos qué leche ponerle, merece la pena plantearnos algo más básico: **¿hay realmente algún dato que indique que el problema está en la leche?**

Porque el llanto, incluso cuando es intenso, no significa automáticamente intolerancia ni alergia.

## ¿Y si tiene intolerancia a la lactosa?

Esta es otra consulta muy frecuente. «Tiene muchos gases. ¿Puede ser intolerante a la lactosa?»

En un lactante pequeño, habitualmente no.

La lactosa es el principal hidrato de carbono de la leche materna y el recién nacido está preparado para digerirla. La intolerancia primaria a la lactosa que vemos en niños mayores y adultos no suele ser la explicación del llanto, los gases o los cólicos de los primeros meses.

Otra situación diferente es una **deficiencia secundaria de lactasa**. Después de determinadas gastroenteritis, o cuando existe una lesión importante de la mucosa intestinal, la actividad de esta enzima puede disminuir temporalmente. En algunos de esos casos puede tener sentido reducir o retirar la lactosa durante un tiempo.

Pero quitarla simplemente porque un bebé tiene gases o llora no suele estar justificado.

Y conviene recordar algo que genera mucha confusión: **intolerancia a la lactosa y alergia a las proteínas de la leche de vaca no son lo mismo**. En la primera existe un problema para digerir un azúcar, mientras que la segunda es una reacción inmunológica frente a determinadas proteínas.

Pueden sonar parecidas cuando se habla de «problemas con la leche», pero son dos situaciones completamente diferentes.

## ¿Regurgita después de casi todas las tomas?

También es muy habitual. El bebé termina el biberón, lo incorporamos y aparece una pequeña cantidad de leche por la boca. A veces ocurre varias veces al día.

Preocupa mucho a las familias, pero **regurgitación y enfermedad por reflujo gastroesofágico no son lo mismo**.

Muchos lactantes regurgitan y, sin embargo, están perfectamente, comen bien y ganan peso con normalidad.

Las fórmulas antirregurgitación contienen espesantes —almidones o goma de algarrobo, por ejemplo— que pueden disminuir las regurgitaciones visibles. Aquí sí tenemos algo más de evidencia. El documento de ESPGHAN de 2024 considera que las fórmulas espesadas pueden plantearse en casos seleccionados de regurgitación significativa. Los estudios disponibles muestran una reducción de los episodios visibles de regurgitación, aunque eso no convierte cualquier regurgitación fisiológica en una enfermedad que haya que tratar.

Un bebé que devuelve un poco de leche pero está contento, come y crece correctamente puede no necesitar absolutamente nada.

> **A veces el babero es suficiente tratamiento.**

## «Hace muchísima fuerza para hacer caca»

Aquí también cambiamos muchas leches innecesariamente.

Hay bebés que lloran, se ponen rojos, encogen las piernas y hacen un esfuerzo tremendo durante varios minutos antes de expulsar una deposición blanda. Eso no es estreñimiento.

Puede tratarse de **disquecia del lactante**. El bebé todavía no coordina bien el aumento de presión abdominal con la relajación del suelo pélvico necesaria para defecar. No necesita aprender a «empujar más». Necesita madurar y coordinar ambas cosas.

El estreñimiento verdadero es diferente. Nos encontramos con deposiciones duras, difíciles o dolorosas, y ahí sí debemos valorar qué está ocurriendo.

Algunas fórmulas destinadas al estreñimiento incorporan modificaciones como un mayor contenido de β-palmitato o de magnesio. ESPGHAN considera que pueden plantearse en determinados casos para conseguir heces más blandas, aunque la evidencia disponible sigue siendo limitada.

Por eso, antes de buscar una leche «antiestreñimiento», hay que hacer algo bastante sencillo: mirar cómo es realmente la caca. Un bebé puede hacer muchísimo esfuerzo y no estar estreñido.

## ¿Y si realmente es alergia a las proteínas de la leche de vaca?

Aquí entramos en un terreno diferente.

La alergia a las proteínas de la leche de vaca —APLV— existe y puede requerir un cambio de alimentación. Pero existe también un riesgo de sobrediagnóstico.

El propio posicionamiento de ESPGHAN sobre APLV insiste en ello: muchos de los síntomas que se atribuyen a la alergia son frecuentes también en lactantes sanos. El diagnóstico no debería basarse únicamente en síntomas inespecíficos como llanto, gases o regurgitación.

La sospecha aumenta cuando el cuadro clínico es compatible: reacciones inmediatas sugestivas de alergia, determinados síntomas gastrointestinales, manifestaciones cutáneas, vómitos relevantes, problemas de crecimiento u otros datos que, valorados conjuntamente, hagan pensar en ella. La sangre en las heces puede formar parte de algunos cuadros no mediados por IgE, pero tampoco debería interpretarse de forma aislada como diagnóstico automático de APLV.

Y aquí aparece una diferencia importante. Una fórmula **parcialmente hidrolizada** no sirve para tratar una APLV establecida.

Cuando necesitamos realizar una dieta de eliminación en un lactante alimentado con fórmula, las fórmulas extensamente hidrolizadas constituyen habitualmente la primera opción. Las fórmulas de aminoácidos se reservan para situaciones seleccionadas, como cuadros graves o fracaso de una fórmula extensamente hidrolizada.

Siempre que sea posible, además, una sospecha de APLV debe confirmarse adecuadamente y reevaluarse. Mantener durante meses una dieta de eliminación en un bebé que nunca fue alérgico tampoco es una intervención inocua.

Aquí sí estamos utilizando la fórmula como tratamiento.

Y precisamente por eso **el diagnóstico importa**.

## La microbiota: importante, sí. Culpable de todo, no

Hace unos años la palabra que aparecía constantemente en la consulta era «lactosa». Ahora es «microbiota».

Y no es casualidad.

Durante los últimos años hemos descubierto que los microorganismos que viven en nuestro intestino participan en procesos muy importantes para la maduración del sistema inmunitario, el metabolismo y la función intestinal. Además, forman parte de una comunicación compleja y bidireccional entre el intestino y el sistema nervioso: el llamado **eje microbiota-intestino-cerebro**.

Esto ha abierto un campo de investigación fascinante. Y también un mercado enorme.

Hoy encontramos fórmulas con prebióticos, probióticos, simbióticos y oligosacáridos de leche humana, los conocidos HMO. Algunos de estos componentes pueden modificar características de la microbiota, pero aquí debemos distinguir dos cosas que parecen iguales y no lo son: **conseguir un cambio biológico no significa necesariamente conseguir un beneficio clínico**.

La revisión técnica del grupo de microbiota de ESPGHAN publicada en *Journal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition* en 2026 analizó los ensayos disponibles sobre fórmulas suplementadas con HMO manufacturados. Los estudios disponibles no demostraron diferencias consistentes frente a las fórmulas control en crecimiento ni en síntomas como regurgitación, llanto, irritabilidad o cólico.

Eso no significa que los HMO «no sirvan». Significa que todavía estamos aprendiendo qué beneficios clínicos concretos pueden derivarse de modificar la microbiota.

Y aquí conviene mantener cierta prudencia.

> **La ciencia necesita tiempo. La publicidad, normalmente, bastante menos.**

## Entonces, ¿qué leche es la mejor?

Esta pregunta me la han hecho miles de veces.

Y mi respuesta hoy es probablemente más sencilla que la que daba hace treinta años:

> **la mejor fórmula es la que necesita ese niño.**

Para la mayoría de los lactantes sanos alimentados con fórmula será una fórmula infantil estándar adecuada para su edad. Para algunos habrá una indicación concreta para utilizar otra: una fórmula espesada ante determinadas regurgitaciones, una fórmula que pueda ayudar a ablandar unas heces realmente duras, una extensamente hidrolizada cuando estamos realizando una dieta de eliminación por una sospecha fundada de APLV, una fórmula de aminoácidos en situaciones mucho menos frecuentes o una fórmula sin lactosa cuando exista una indicación real para retirarla temporalmente.

No existe una leche «mejor» para todos los bebés.

Lo importante no es disponer de muchas fórmulas. Es **saber por qué utilizamos cada una**.

## Antes de cambiar el bote, miro al bebé

Cuando unos padres me preguntan si deberían cambiar la leche, procuro no empezar mirando la etiqueta del bote.

Miro al niño. Me interesa saber cómo está creciendo, cómo come y cómo son realmente sus deposiciones. Quiero saber si regurgita o vomita, si hay sangre en las heces, si tiene síntomas en la piel o si existe algún otro dato que pueda hacer pensar en una enfermedad.

Y muchas veces, después de preguntar y explorar, lo que tenemos delante es simplemente un lactante sano haciendo cosas que, aunque resulten agotadoras para sus padres, son propias de su edad.

Después miro la leche.

**No al revés.**

Porque cambiar de fórmula puede ser un tratamiento excelente cuando existe una indicación real. Pero también puede iniciar una peregrinación de bote en bote cuando intentamos tratar con leche algo que no depende de ella.

## Y volvemos al principio: el bebé llora

¿Hay que cambiarle la leche?

No por el simple hecho de que llore.

Primero hay que intentar comprender por qué lo hace. A veces encontraremos una causa digestiva real y habrá que modificar la alimentación. En muchos otros casos encontraremos un bebé sano, con un intestino todavía inmaduro, un sistema nervioso en desarrollo y unos padres comprensiblemente cansados que necesitan algo mucho más difícil de encontrar en la estantería de una farmacia: **una explicación**.

Después de muchos años viendo bebés, cada vez estoy más convencido de algo: **no todo lo que mejora después de cambiar una leche mejora gracias a la leche**.

Los bebés también mejoran porque crecen, porque su intestino madura, porque aprenden a coordinarse, porque su microbiota evoluciona, porque su cerebro madura y, sencillamente, porque pasan las semanas.

A veces hay que cambiar la leche.

Y otras veces, aunque resulte mucho menos espectacular, lo más acertado es no cambiar nada.

## *Bibliografía*

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*An ESPGHAN Position Paper on the Diagnosis, Management, and Prevention of Cow's Milk Allergy* [ESPGHAN 2024: APLV](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38374567/?utm%5Fsource=chatgpt.com) · 

*Technical review by the ESPGHAN Special Interest Group on Gut Microbiota and Modifications on the health outcomes of infant formula supplemented with manufactured human milk oligosaccharides.*Hojsak, Dinleyici, van den Akker, Domellöf, Haiden, Szajewska et al. *JPGN* 2026;82(1):225-234[ESPGHAN 2026: revisión sobre HMO y microbiota](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40123480/?utm%5Fsource=chatgpt.com)

**Bianchi M, Quatrale G, Colecchia L, Cremon C, Piccirillo M, Caron F, Pucinischi V, Piersanti M, Sepe A, Barbara G, Marasco G, Di Nardo G.** Efficacy of *Lactobacillus reuteri* DSM 17938 in preterm newborns and infants with colic: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. *Nutrition*. 2026;151:113327\. DOI: 10.1016/j.nut.2026.113327

Zeevenhooven J, Koppen IJN, Benninga MA. The New Rome IV Criteria for Functional Gastrointestinal Disorders in Infants and Toddlers. *Pediatric Gastroenterology, Hepatology & Nutrition*. 2017;20(1):1-13.

*Dr. Jose A. Bilbao*