¿Paracetamol o ibuprofeno? Cómo usar bien los antitérmicos en casa, en niños y en adultos
Revisado y actualizado el 1 de octubre de 2026.
Te lo resumo. La fiebre es una defensa del cuerpo, y el objetivo de un antitérmico es que el niño esté más cómodo, no ver un número concreto en el termómetro. Paracetamol e ibuprofeno funcionan bien y son seguros si se calcula la dosis por el peso y se usa la jeringa del propio frasco. Alternarlos no aporta ventajas claras y multiplica los errores. Dárselos antes de una vacuna, por si acaso, puede restarle algo de eficacia. El metamizol, solo con receta.
En casi todas las casas con niños hay dos frascos en el armario del baño, uno de paracetamol y otro de ibuprofeno, y en casi todas las consultas aparece alguna vez la misma pregunta: cuál de los dos, cuánto y cada cuánto. La fiebre es uno de los motivos de consulta más frecuentes en pediatría y de los que más inquietan, aunque en la gran mayoría de los casos sea la forma que tiene el cuerpo de plantar cara a una infección. Al subir la temperatura, el sistema inmune trabaja mejor y a muchos virus les cuesta más multiplicarse.
Por eso el objetivo de un antitérmico es aliviar el malestar, no llegar a una cifra concreta. Un niño con 38,5 ºC que juega, bebe y protesta no necesita medicación. Un niño con 38 ºC que está quejoso, no quiere comer y no consigue dormir probablemente sí. Tampoco hace falta despertarlo para darle una dosis si duerme tranquilo.
Ibuprofeno
Es un antiinflamatorio que baja la fiebre y alivia el dolor, y en los niños se puede usar a partir de los 3 meses. La dosis se calcula por el peso, entre 5 y 10 mg por kilo cada 6 u 8 horas, sin pasar de 40 mg por kilo al día. No hace falta darlo con comida para una toma aislada, aunque si el niño tiene el estómago sensible, mejor que tome algo antes.
En España hay jarabes de dos concentraciones, al 2 % (20 mg por ml) y al 4 % (40 mg por ml). La segunda permite dar la misma dosis con la mitad de volumen, lo que ayuda con los niños mayores que protestan, pero también es la causa de uno de los errores que más vemos: cambiar de frasco sin darse cuenta y dar el doble o la mitad de lo que toca. La regla más segura es usar siempre la jeringa que viene con cada frasco, que suele estar graduada en kilos de peso para esa concentración concreta.
Hay situaciones en las que es mejor evitar el ibuprofeno. Una es la varicela, porque se ha relacionado con infecciones graves de la piel. Otra es un niño que vomita, tiene diarrea o apenas bebe, porque con la deshidratación aumenta el riesgo de dañar el riñón. En esos casos, el paracetamol es la opción adecuada.
En los adultos, para el dolor leve o moderado y la fiebre, 400 mg suelen ser suficientes y tan eficaces como 600 mg, con menos efectos secundarios. En España, el de 400 mg se vende sin receta y el de 600 mg necesita prescripción. La regla general es la de siempre: la dosis más baja que funcione durante el menor tiempo posible.
Paracetamol
Alivia el dolor y baja la fiebre, aunque no desinflama, y es el más seguro en la mayoría de las situaciones, incluidos los bebés menores de 3 meses, siempre después de que los haya visto un médico. En los niños, la dosis habitual es de 15 mg por kilo cada 6 horas, sin pasar de 60 mg por kilo al día.
Las gotas pediátricas, a 100 mg por ml, son muy concentradas. Un error de una sola marca en la jeringa ya supone una diferencia importante en un bebé pequeño. Aquí también vale la regla de usar la jeringa del frasco y comprobar el peso del niño, que cambia más deprisa de lo que pensamos.
En los adultos, la dosis va de 500 mg a 1 g cada 6 u 8 horas, sin superar 3 g al día salvo que el médico indique otra cosa. El paracetamol está en muchos antigripales y analgésicos combinados, y sumar uno de esos sobres a la pastilla de siempre es una de las formas más habituales de pasarse sin darse cuenta. El exceso daña el hígado y no avisa hasta que es tarde.
Cuando se usan sin medida
Que estén en todos los botiquines y se compren sin receta no significa que sean inocuos. Su seguridad depende de usarlos a la dosis correcta, el tiempo justo y por un motivo. El problema no suele ser un frasco en concreto, sino la costumbre de recurrir a ellos ante cualquier molestia, sumar productos sin mirar qué llevan o medir a ojo.
Paracetamol. Es muy seguro a la dosis correcta, pero el margen hasta la dosis tóxica es menor de lo que parece, y el exceso daña el hígado. Es además el fármaco que más intoxicaciones infantiles causa en España. Un estudio de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría que revisó 15 años de consultas encontró que los antitérmicos y analgésicos, sobre todo el paracetamol, eran los fármacos más implicados en los errores de dosificación. Casi todos esos errores ocurrieron en casa, y en los menores de 3 meses explicaban el 85 % de las intoxicaciones. Las causas habituales son confundir la jeringa o el frasco, repetir la dosis porque dos cuidadores no se han coordinado, o no actualizar la pauta cuando el niño ha ganado peso.

En los adultos, el riesgo aumenta al sumar sin darse cuenta un antigripal o un analgésico combinado que también lleva paracetamol, al tomarlo varios días seguidos cerca del máximo, con alcohol o durante un ayuno. Lo más traicionero es que la intoxicación apenas da síntomas el primer día, cuando todavía se puede tratar bien. Si sospechas que alguien ha tomado de más, no esperes a que aparezcan: llama al Servicio de Información Toxicológica (91 562 04 20) o acude a urgencias.
Ibuprofeno. Como todos los antiinflamatorios, irrita el estómago, y su uso frecuente puede causar gastritis, úlceras y sangrado, sobre todo en los adultos y en las personas mayores. En los niños, el riesgo más importante es para el riñón: un niño que vomita, tiene diarrea o apenas bebe está deshidratado, y el ibuprofeno puede llevar al riñón al límite. Durante la varicela se ha asociado a infecciones graves de la piel, y en algunas personas con asma puede desencadenar una crisis.
En los adultos, las dosis altas mantenidas, a partir de 2.400 mg al día, aumentan el riesgo cardiovascular, y el ibuprofeno interfiere con los anticoagulantes y con algunos tratamientos para la tensión. Durante el embarazo, a partir de la semana 20, solo debe tomarse si lo indica el médico.
El riesgo que comparten. Hay uno que no aparece en los prospectos: tratar el número en vez de a la persona. Dar el antitérmico «por si acaso», antes de dormir o cada vez que el termómetro marca 37,8 ºC no protege de nada, y puede ocultar durante unas horas la evolución que el pediatra necesita ver. En los adolescentes y adultos que toman analgésicos casi a diario por dolores de cabeza, el exceso acaba provocando más dolor de cabeza, la llamada cefalea por abuso de medicación. Si un analgésico se ha convertido en rutina, hay que buscar la causa del dolor.
Metamizol
El metamizol (Nolotil, Metalgial) es un analgésico y antitérmico potente que se usa para el dolor intenso o la fiebre alta que no cede con los anteriores. Su efecto adverso más temido es la agranulocitosis, una caída brusca de los glóbulos blancos que dejan al cuerpo sin defensas. Es rara, pero grave. En 2024, la Agencia Europea del Medicamento revisó su seguridad y concluyó que sus beneficios superan los riesgos en las indicaciones autorizadas, pero insistió en detectar pronto los síntomas.
En la práctica, en los niños solo debe usarse si lo indica el pediatra, y en los adultos, con receta, durante pocos días y a la dosis más baja que funcione. Si durante el tratamiento aparecen fiebre que no se explica, dolor de garganta o llagas en la boca, hay que dejarlo y consultar enseguida.
En cuanto a la aspirina, no debe darse a menores de 16 años con fiebre, por el riesgo de síndrome de Reye, una enfermedad rara pero grave del hígado y del cerebro.
¿Y alternarlos?
Durante años se extendió la costumbre de alternar ibuprofeno y paracetamol cada pocas horas. Las guías pediátricas actuales no la recomiendan como rutina. No hay pruebas sólidas de que el niño esté mejor, y en cambio sí aumentan los errores de dosis, sobre todo de madrugada y con dos cuidadores que se turnan. Si con uno solo, bien dosificado, el niño sigue muy incómodo antes de que toque la siguiente toma, lo razonable es consultar antes de añadir el segundo.
Tampoco previenen las convulsiones febriles. Es una creencia muy extendida, y lleva a muchos padres a vigilar el termómetro toda la noche, pero los estudios muestran que bajar la fiebre no evita que se repitan. Lo que sí ayuda es saber qué hacer si ocurren, y eso es algo que conviene hablar con el pediatra.
Antes de las vacunas, mejor no
Dar un antitérmico antes o justo después de una vacuna, por si acaso, puede restar algo de respuesta inmunitaria. Un estudio publicado en The Lancet en 2009 encontró menos anticuerpos en los bebés que recibieron paracetamol preventivo. Lo prudente es esperar y darlo solo si aparecen fiebre o un malestar que molesten de verdad. La excepción que se discute es la vacuna del meningococo B en lactantes, para la que algunos calendarios sí aconsejan paracetamol preventivo. Si es el caso, lo indicarán en el centro de vacunación.
Lo que no hace falta (y lo que conviene evitar)
Mucho de lo que se ha hecho siempre en casa para bajar la fiebre no funciona o es contraproducente. Los baños o paños de agua fría provocan escalofríos, y temblar es justo la forma que tiene el cuerpo de volver a subir la temperatura. El hielo directamente sobre la piel puede quemarla. Frotar con alcohol es peligroso en los niños, porque se absorbe por la piel y por la respiración. Envolverlos en mantas para que «suden la fiebre» impide que el calor se escape. La cebolla en los calcetines, el ajo o el vinagre no tienen ninguna prueba a su favor, y los aceites esenciales pueden irritar la piel o provocar alergias. Las dosis altas de vitamina C tampoco bajan la fiebre.
Lo que sí ayuda es sencillo: ropa ligera, una habitación fresca, ofrecer líquidos a menudo y en poca cantidad, y no obligar a comer. El apetito vuelve cuando baja la fiebre.
Cuándo consultar
En un bebé menor de 3 meses, cualquier fiebre de 38 ºC o más es motivo para ir a urgencias. A cualquier edad, también si respira con esfuerzo, se le marcan las costillas o se queja al respirar, si no bebe o moja muy pocos pañales, si aparecen manchas en la piel que no desaparecen al presionarlas con un vaso, si tiene una convulsión o si está muy decaído incluso cuando le baja la fiebre. Conviene pedir cita, sin carreras, si la fiebre dura más de dos o tres días o vuelve después de haberse ido.
Y el dato que más me dice en la consulta suele ser cómo está el niño cuando le hace efecto el antitérmico. Si vuelve a jugar, a pedir cosas o a protestar, eso tranquiliza más que cualquier cifra. Si sigue apagado, tenemos que verlo.
Dr. Jose A. Bilbao
Pediatra