Agenda de sueño infantil
Dormir no es simplemente cerrar los ojos por la noche. Para valorar cómo duerme un niño necesitamos saber a qué hora se acuesta, cuándo consigue dormirse, cuántas veces se despierta, cuánto duran esos despertares, a qué hora se levanta y qué ocurre con las siestas.
Y aquí aparece un problema bastante habitual en consulta: cuando preguntamos «¿cómo duerme?», la respuesta suele ser «mal», «se despierta mucho» o «lleva semanas fatal». Es completamente comprensible, pero resulta difícil valorar un patrón de sueño solo con esas impresiones.
La Agenda de sueño infantil permite convertir esas noches en algo que podamos observar. Es un registro sencillo de 15 días, organizado por horas, en el que la familia puede señalar los periodos en los que el niño duerme y permanece despierto, incluyendo el sueño nocturno, los despertares y las siestas.
¿Para qué puede servir?
Puede ayudarnos a identificar horarios irregulares, dificultades para conciliar el sueño, despertares frecuentes, desplazamientos progresivos de la hora de dormir, diferencias entre días escolares y festivos o una distribución de las siestas que pueda estar interfiriendo con el descanso nocturno.
Sobre todo, permite llegar a la consulta con algo mucho más útil que «duerme mal»: quince días de sueño puestos sobre el papel.
Cómo utilizarla
Sombrea las horas durante las que el niño está durmiendo y deja en blanco los periodos en los que permanece despierto. Señala cuándo se acuesta y cuándo se levanta y registra también las siestas. No es necesario controlar el reloj al minuto: una estimación razonable es suficiente.
Intenta completarla durante 15 días consecutivos, incluyendo fines de semana o festivos. Cuanto más represente la rutina habitual del niño, más útil será posteriormente para valorar su patrón de sueño.
Puedes descargar e imprimir gratuitamente la Agenda de sueño infantil en formato DIN-A4 horizontal.

Este documento es una herramienta de registro y no establece por sí mismo un diagnóstico. Si existen problemas persistentes de sueño, ronquido habitual, pausas respiratorias, somnolencia diurna importante u otros síntomas que preocupen, conviene comentarlos con el pediatra.