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Lo que sabemos, lo que no, y por qué ahora también miramos a los abuelos en la bronquiolitis

Vacuna en el embarazo, nirsevimab y ahora también los abuelos: qué sabemos sobre cómo proteger a los bebés de la bronquiolitis, qué dudas quedan y por qué la prevención ya no mira solo al bebé.

8 oct. 2026 • 11 min de lectura
Lo que sabemos, lo que no, y por qué ahora también miramos a los abuelos en la bronquiolitis

Tres inviernos de nirsevimab, lo que sabemos, lo que no, y por qué ahora también miramos a los abuelos

Salud Infantil · Dr. Jose A. Bilbao

Durante muchos inviernos, la bronquiolitis se medía en cunas. En noviembre se empezaban a llenar las de la planta de pediatría. En diciembre se juntaban dos en una misma habitación. En enero alguien bajaba al almacén a buscar una más. Quien haya hecho guardias pediátricas en aquellos años recuerda el pitido de los pulsioxímetros de madrugada y a los padres dormidos en un sillón, con el bebé sobre el pecho porque así respiraba un poco mejor. El otoño de 2023 cambió esa escena. Creo que merece la pena explicar por qué, qué sabemos y qué no sabemos todavía.

Una enfermedad de vías pequeñas

La bronquiolitis es la inflamación de los bronquiolos, las ramificaciones más finas del árbol respiratorio. Afecta casi siempre a menores de dos años y, para muchos, es la primera infección respiratoria seria de su vida. El mismo virus que a un adulto le produce un catarro de tres días puede cerrar en un bebé de dos meses unos conductos del grosor de un hilo con un poco de moco y edema. No hace falta mucho.

El principal responsable es el virus respiratorio sincitial, el VRS, que causa la mayoría de los casos y, sobre todo, los más graves. No actúa solo. El rinovirus, el metapneumovirus, los parainfluenza, el adenovirus, el bocavirus, la gripe y el SARS-CoV-2 pueden producir un cuadro idéntico, y en muchos niños se encuentran dos virus a la vez. Eso explica algo que desconcierta a muchas familias: un niño puede tener bronquiolitis más de una vez en la vida, incluso estando protegido frente al VRS.

Lo que cambió en 2023

Conviene empezar con una precisión que a menudo se pierde en las conversaciones: lo que reciben los recién nacidos desde el otoño de 2023 no es una vacuna. El nirsevimab es un anticuerpo monoclonal. El bebé recibe las defensas ya fabricadas en lugar de producirlas él. Es una protección prestada, que dura aproximadamente una temporada, y esa diferencia ayuda a entender tanto su eficacia como sus límites.

El efecto fue de los que un pediatra ve pocas veces en su carrera. En la primera temporada, la vigilancia nacional de infecciones respiratorias graves estimó entre 9.364 y 9.875 hospitalizaciones por VRS menos de las esperadas en menores de un año, una reducción del 74-75% (Mazagatos et al., 2024). En Cataluña, la efectividad frente a la hospitalización fue del 87,6%, y frente al ingreso en UCI del 90,1% (Coma et al., 2024).

Tenemos además un dato de casa. Un equipo del Hospital Joan XXIII de Tarragona, junto con la Universitat Rovira i Virgili, analizó 1.384 hospitalizaciones por infección respiratoria baja en menores de cinco años durante seis temporadas, entre 2018 y 2025. El trabajo, publicado en The Pediatric Infectious Disease Journal, muestra que tras la introducción del nirsevimab la tasa de hospitalización por VRS bajó de 5,04 a 2,51 casos por cada 1.000 niños menores de cinco años. Los ingresos en UCI pediátrica por infección respiratoria pasaron de 2,9 a 1,3 por cada 1.000.

La honestidad obliga a añadir que la segunda temporada fue algo menos brillante. Un estudio nacional de casos y controles situó la efectividad global frente a la hospitalización en torno al 65,5% en la campaña 2024-2025, por debajo de las cifras iniciales. Parte de esa diferencia puede deberse al diseño de los estudios y parte a variaciones reales. Sigue siendo una protección alta, pero no absoluta. Un bebé que ha recibido nirsevimab puede enfermar, con mucha menos frecuencia y, en general, con menos gravedad.

¿Se ha desplazado la enfermedad a otras edades?

Era la pregunta que muchos nos hacíamos. Si protegemos a los más pequeños durante su primer invierno, ¿no estaremos simplemente aplazando la infección al segundo? La respuesta tiene dos partes, y conviene no mezclarlas.

Sí ha cambiado el perfil del niño que ingresa. En once hospitales catalanes de la red COPEDICAT, la mediana de edad de los niños hospitalizados por VRS pasó de 4,5 a 11 meses, y la proporción de menores de seis meses bajó del 53% al 31,5%. También aumentaron los diagnósticos de bronquitis y los niños tratados con broncodilatadores y corticoides. Es coherente: ingresan niños mayores, que enferman de otra manera.

Pero que la edad media suba no significa que los mayores enfermen más. Significa, sobre todo, que han desaparecido muchos de los pequeños. En un análisis de hospitalizaciones tras la introducción universal del nirsevimab, los ingresos de niños mayores de seis meses se mantuvieron en niveles similares a la temporada anterior, aunque algo por encima del periodo prepandémico. El equipo de Tarragona no detectó más ingresos por otros virus respiratorios, ni más gravedad ni más hospitalizaciones en los niños protegidos que se expusieron al virus al año siguiente. Y un estudio nacional que siguió a los niños durante dos temporadas concluyó que la tasa de hospitalización por VRS entre los inmunizados no repuntó en su segundo invierno.

Mi lectura, con la prudencia que exigen solo tres temporadas de datos, es que el virus sigue circulando, pero ha perdido a su presa más frágil. Las cunas que ahora sobran eran, sobre todo, las de los bebés de semanas. Quedan preguntas abiertas: qué ocurrirá cuando se acumulen varias cohortes de niños que no pasaron el VRS en su primer invierno, cómo evolucionará la efectividad con los años y si veremos cambios en los niños de uno a dos años. No las responderemos por intuición, sino con la vigilancia paciente de equipos como el de Tarragona.

¿Y en el otro extremo de la vida?

Una pregunta lleva a otra. Si el virus ha perdido a los bebés, ¿ha encontrado a los abuelos? Antes de responder conviene corregir el nombre. En un adulto no hablamos de bronquiolitis. Sus bronquiolos son más anchos y el mismo virus se manifiesta de otra manera: una infección respiratoria baja que descompensa un corazón o unos pulmones ya cansados, una neumonía, una insuficiencia cardiaca que se agrava sin motivo aparente.

Y sí, lo vemos más. En la temporada 2024-2025 se estimaron en España cerca de 13.800 hospitalizaciones por VRS en adultos, con un impacto especialmente elevado a partir de los 60 años y, sobre todo, en los mayores de 80. En la Comunidad de Madrid, casi la mitad de las hospitalizaciones por VRS (49,9%) correspondieron a personas de 60 años o más. Cuanto mayor es el paciente, más probable es que ingrese: el 60,7% entre los 60 y los 74 años, el 78,6% a partir de los 90. La mortalidad por VRS pasa del 1,8% al 7,2% en esas mismas edades.

¿Significa esto que proteger a los bebés ha empujado el virus hacia los mayores? No tengo datos que lo sostengan, y no conozco ningún estudio que lo haya demostrado. Hay al menos tres explicaciones más sencillas. La primera es que el VRS en adultos siempre estuvo ahí, pero apenas se buscaba. Desde la pandemia, los paneles de PCR que detectan varios virus a la vez se han generalizado en urgencias, y lo que antes se etiquetaba como «neumonía» o «descompensación» ahora tiene nombre y apellido. Los propios documentos técnicos reconocen que el VRS sigue infradiagnosticado en adultos, lo que dificulta estimar su carga real. La segunda es aritmética: si desaparecen miles de ingresos de lactantes, los mayores pasan a ocupar una proporción mayor del total aunque su número no cambie. La tercera es demográfica: cada invierno hay más personas de más de 80 años, y con más enfermedades crónicas.

Lo que sí ha cambiado es la mirada. El calendario de vacunación 2026 del Consejo Interterritorial incorpora por primera vez la recomendación de vacunar frente al VRS a adultos en situaciones específicas de vulnerabilidad, empezando por las residencias de mayores y las personas inmunodeprimidas. Aquí sí hablamos de una vacuna propiamente dicha, a diferencia del anticuerpo que reciben los bebés.

El mismo virus, dos cuerpos

En el bebé y en el anciano, el VRS entra igual, por la nariz y con un catarro que al principio no se distingue de ningún otro. Lo que ocurre después depende menos del virus que del cuerpo que encuentra. En el lactante, el problema es el calibre de unas vías diminutas. En el mayor, la falta de reserva de un corazón o unos pulmones que ya funcionaban al límite. Un ejemplo de lo engañoso que puede ser: en la serie de Madrid, la tos y la dificultad respiratoria aparecieron en casi ocho de cada diez mayores, pero la fiebre solo en unos cuatro de cada diez.

En los dos extremos de la vida, el primer síntoma puede no ser el esperado, y quien mejor lo detecta es quien convive con ellos y nota que algo ha cambiado. En casa no hay forma de saber si el culpable es el VRS, la gripe o el coronavirus; eso solo lo dice una prueba. Pero para decidir si hay que consultar, el nombre del virus importa poco. Lo que importa es cómo respira, cómo come y cómo está quien lo padece.

Lo que viene

Lo primero que llega no es una vacuna, sino un segundo anticuerpo. En abril de 2026, la Comisión Europea aprobó el clesrovimab para proteger a recién nacidos y lactantes durante su primera temporada de VRS. Funciona con la misma lógica que el nirsevimab, defensas prestadas durante unos cinco meses, pero con una ventaja práctica: se administra la misma dosis a todos los bebés, sin calcularla por peso. En el ensayo CLEVER, con 3.614 lactantes, redujo en torno a un 60% las infecciones respiratorias bajas por VRS que requirieron atención médica y alrededor de un 84% las hospitalizaciones. Cuándo llegará a nuestros centros depende de los procedimientos de financiación de cada país, y en julio de 2026 la EMA aceptó estudiar su uso en la segunda temporada para niños menores de dos años con mayor riesgo. Tener dos opciones de la misma familia no cambiará demasiado lo que vemos en urgencias, pero sí da más margen si falla el suministro o si alguna de las dos pierde eficacia con el tiempo.

La segunda vía ya existe, aunque pocas familias la conocen: vacunar a la madre durante el embarazo para que los anticuerpos pasen al bebé a través de la placenta. En España, la vacuna Abrysvo está autorizada entre las semanas 24 y 36 de gestación. El Comité Asesor de Vacunas de la AEP recomienda ponerla preferentemente entre las semanas 32 y 36, al menos catorce días antes del parto. En el ensayo principal redujo un 82% las infecciones respiratorias bajas graves por VRS en los primeros tres meses de vida, con una protección que va disminuyendo hacia los seis meses (Kampmann et al., 2023). Los datos de vida real la respaldan. Argentina fue el primer país en adoptarla como estrategia principal, y el estudio BERNI encontró una efectividad frente a la hospitalización del 78,6% hasta los tres meses y del 71,3% hasta los seis. Las tres muertes hospitalarias por VRS del estudio fueron de bebés cuyas madres no se habían vacunado (Pérez Marc et al., 2025). En Inglaterra y Escocia, su primera temporada ofreció una protección equivalente a la del ensayo (Williams et al., 2025).

La ventana de vacunación no es un capricho. En un estudio en Sudáfrica apareció una señal de parto prematuro, y la mayoría de esos casos se produjeron con vacunaciones anteriores a la semana 32. Por eso se insiste en respetar ese margen.

Aquí nuestro país ha tomado otro camino. En España, la vacuna materna no forma parte de la estrategia de Salud Pública: se puede comprar en farmacia con receta, pero sin financiación, a 234,95 euros por dosis. El sistema público ha apostado por el anticuerpo para el recién nacido, que se administra también a los hijos de madres vacunadas. No existen estudios que comparen directamente ambas estrategias, ni que demuestren que combinarlas añada protección. Por eso no puedo decirle a una embarazada que se la ponga como algo imprescindible. Sí puedo decirle que funciona y que es segura dentro de su ventana. Y no me resulta cómodo que la opción dependa del bolsillo: una protección de 235 euros no llega por igual a todas las barrigas.

La vacuna infantil de verdad, la que enseñaría al propio niño a fabricar sus defensas, sigue sin llegar, y hay razones para la prudencia. En los años sesenta, una vacuna inactivada contra el VRS hizo que los niños vacunados enfermaran más gravemente al contagiarse después, y aquella lección ha marcado a toda una generación de investigadores. Hoy las esperanzas se centran en vacunas vivas atenuadas que se administran por la nariz, pensadas para niños a partir de los seis meses, cuando la protección prestada ya se ha agotado. Un análisis conjunto de cinco candidatas en fases iniciales estimó una eficacia del 66% frente a las infecciones por VRS atendidas médicamente, con intervalos de confianza muy amplios. El camino no está siendo recto. Uno de los ensayos de fase 3 más avanzados con una vacuna intranasal para lactantes y niños pequeños se cerró antes de tiempo por decisión del promotor, mientras otras candidatas siguen en fases iniciales. Mi estimación, sin datos que permitan precisarla, es que no la veremos en el calendario infantil antes de varios años.

En el otro extremo de la vida, las vacunas sí existen: hay tres autorizadas en España para adultos, y el calendario de 2026 empieza a aplicarlas a los más vulnerables. Si el futuro sigue este camino, la protección frente al VRS acabará organizándose por etapas de la vida: la madre durante el embarazo, el anticuerpo en el primer invierno, quizá una vacuna nasal en el segundo, y la vacuna del adulto cuando la reserva empieza a agotarse.

He pasado demasiadas madrugadas junto a aquellas cunas como para no celebrar que ahora sobren. También he visto repetirse en las familias una escena: el mismo virus que un invierno se lleva al nieto a urgencias, otro invierno se lleva al abuelo. Durante años hemos mirado solo a uno de los dos. Los inviernos buenos se agradecen mejor cuando se sigue mirando a ambos.

Dr. Jose A. Bilbao


Referencias (2023-2026)

  1. Mazagatos C, et al. Estimated impact of nirsevimab on the incidence of respiratory syncytial virus infections requiring hospital admission in children <1 year, weeks 40, 2023, to 8, 2024, Spain. Influenza Other Respir Viruses. 2024;18(5):e13294.
  2. Coma E, et al. Effectiveness of nirsevimab immunoprophylaxis against respiratory syncytial virus-related outcomes in hospital and primary care settings: a retrospective cohort study in infants in Catalonia (Spain). Arch Dis Child. 2024;109:736-741.
  3. Hospital Universitari Joan XXIII / Universitat Rovira i Virgili. Impacto del nirsevimab en las hospitalizaciones por infección respiratoria baja en menores de 5 años, temporadas 2018-2025. Pediatr Infect Dis J. 2026. [VERIFICAR autores y título exacto]
  4. Monitoring effectiveness of nirsevimab immunization against RSV hospitalization using surveillance data: a test-negative case-control study, Spain, October 2024-March 2025. Euro Surveill. 2025. [VERIFICAR autores]
  5. Two-season effectiveness of a single nirsevimab dose against RSV hospitalisation in healthy term-born infants: a population-based case-control study, Spain, October 2023 to March 2025. Euro Surveill. 2026. [VERIFICAR autores]
  6. Red COPEDICAT. P-1186. Significant reduction in disease burden and a shift in clinical diagnoses in children hospitalized with RSV after nirsevimab implementation in Catalonia (Spain). Open Forum Infect Dis. 2025;12(Suppl 1). [VERIFICAR autores]
  7. Universal administration of nirsevimab in infants: an analysis of hospitalisations and paediatric intensive care unit admissions for RSV-associated lower respiratory tract infections. Eur J Pediatr. 2025. doi:10.1007/s00431-025-06125-5. [VERIFICAR autores]
  8. Real-world impact of nirsevimab immunisation and maternal RSV vaccination against respiratory disease on emergency department attendances and admissions: a multinational retrospective analysis. Lancet Reg Health Eur. 2026. [VERIFICAR autores]
  9. Impacto del virus respiratorio sincitial en adultos mayores de 60 años en la Comunidad de Madrid: temporadas 2023/2024 y 2024/2025. Rev Esp Geriatr Gerontol. 2026. [VERIFICAR autores]
  10. Consejo Interterritorial del SNS. Calendario común de vacunación e inmunización a lo largo de toda la vida. Calendario recomendado año 2026. Ministerio de Sanidad; diciembre 2025.
  11. Ministerio de Sanidad. Vacunación frente a virus respiratorio sincitial en población adulta. Preguntas y respuestas. Diciembre 2025.
  12. Comité Asesor de Vacunas de la AEP. Calendario de vacunaciones e inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría: recomendaciones 2026. An Pediatr (Barc). 2026.
  13. Kampmann B, et al. Bivalent prefusion F vaccine in pregnancy to prevent RSV illness in infants. N Engl J Med. 2023;388:1451-1464.
  14. Pérez Marc G, Vizzotti C, Fell DB, et al. Real-world effectiveness of RSVpreF vaccination during pregnancy against RSV-associated lower respiratory tract disease leading to hospitalisation in infants during the 2024 RSV season in Argentina (BERNI study). Lancet Infect Dis. 2025;25(9):1044-1054.
  15. Williams TC, Marlow R, Cunningham S, et al. Bivalent prefusion F vaccination in pregnancy and respiratory syncytial virus hospitalisation in infants in the UK: results of a multicentre, test-negative, case-control study. Lancet Child Adolesc Health. 2025;9(9):655-662.
  16. Ensayo CLEVER (clesrovimab en lactantes sanos, fase 2b/3). N Engl J Med. 2025. [VERIFICAR autores y cita]
  17. Merck & Co. European Commission approves ENFLONSIA (clesrovimab) for the prevention of RSV lower respiratory tract disease in infants during their first RSV season. Nota de prensa, 17 de abril de 2026.
  18. Prevención del virus respiratorio sincitial (VRS). Pediatría Integral. 2025;XXIX(8).
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