Ejercicios funcionales frenectomía
He preparado una Hoja para pacientes y una infografía con los ejercicios funcionales que suelen recomendarse después de una frenectomía. Deben entenderse como una guía general y no como un protocolo obligatorio: actualmente no existe una pauta postoperatoria única que pueda aplicarse a todos los niños.
Durante años se han utilizado diferentes protocolos después de la intervención. Algunos profesionales recomiendan movilizar la lengua, estimular determinados movimientos o incluso realizar estiramientos de la zona intervenida. Otros consideran que manipular repetidamente la herida no aporta un beneficio demostrado y puede provocar dolor, rechazo de la manipulación oral o dificultades para que las familias mantengan el tratamiento.
El problema es que la evidencia científica disponible todavía no permite establecer un protocolo posoperatorio universal.
Lo que decía la evidencia hasta hace poco
En su informe clínico de 2024 sobre anquiloglosia y lactancia, la American Academy of Pediatrics (AAP) fue bastante clara: los ejercicios posoperatorios consistentes en abrir repetidamente la herida para evitar la readhesión no estaban respaldados por evidencia y no se recomendaban. La AAP señalaba además la posibilidad de provocar aversión oral.
La Academy of Breastfeeding Medicine (ABM) ya había llamado la atención sobre un problema más amplio: faltan estudios de buena calidad, ensayos controlados y datos longitudinales que permitan establecer con seguridad cuál es el manejo óptimo de la anquiloglosia.
Por eso, durante bastante tiempo la recomendación más prudente ha sido sencilla: no convertir la apertura de la herida en una rutina obligatoria después de cada frenectomía.
Pero en 2025 apareció un dato interesante
Un estudio prospectivo publicado por Miller y colaboradores en 2025 volvió a abrir el debate.
Incluyó 88 lactantes sometidos a frenotomía con tijera. De ellos, 25 no realizaron estiramientos y 63 recibieron indicación de realizarlos, aunque solamente 36 familias cumplieron adecuadamente el protocolo.
Los resultados fueron llamativos. La recurrencia de la anquiloglosia fue del 5,6 % (2/36) entre quienes realizaron correctamente los estiramientos, frente al 16 % (4/25) entre quienes no los realizaron. Curiosamente, alcanzó el 40,7 % (11/27) entre quienes tenían indicados los ejercicios pero no los realizaron de forma adecuada. También hubo diferencias en la necesidad de una nueva intervención.
¿Significa esto que ahora todos los niños deben hacer estiramientos?
No podemos afirmarlo.
Es un estudio prospectivo interesante, pero no fue un ensayo clínico aleatorizado, incluyó un número relativamente pequeño de lactantes, se realizó en un único centro y la propia adherencia al tratamiento fue una dificultad importante. Sus resultados justifican seguir investigando y cuestionan que el asunto esté definitivamente cerrado, pero no permiten establecer todavía una recomendación universal.