Rehidratación: la regla de los 5 minutos
Cuando un niño vomita, uno de los errores más frecuentes es intentar que beba mucho de golpe. Tenemos sed, vemos que ha perdido líquido y nuestra primera reacción es bastante lógica: que beba.
Pero el estómago, en ese momento, suele tener otros planes.
Por eso he reunido en este recurso tres cuestiones muy prácticas: qué líquidos conviene ofrecer, cómo hacerlo poco a poco y qué señales deben hacernos consultar.
La idea que merece la pena recordar es sencilla: pequeñas cantidades y con frecuencia. Como orientación práctica, podemos empezar con unos 5 ml cada 5 minutos y aumentar progresivamente si los tolera. Si vomita, esperamos unos minutos y volvemos a intentarlo más despacio.
Y, siempre que sea posible, para reponer las pérdidas producidas por vómitos o diarrea, la primera opción son las soluciones de rehidratación oral, porque aportan agua y electrolitos en proporciones diseñadas para favorecer su absorción. El agua sola hidrata, pero no sustituye adecuadamente las sales perdidas cuando las pérdidas son importantes.
Parece poca cosa: una cucharadita, cinco minutos y otra cucharadita.
A veces, en pediatría, hacer menos de cada vez permite conseguir mucho más al cabo de una hora.
Dr. Jose A. Bilbao · Pediatra
Berrinches & Abrazos · Pediatría para la vida real