Vómitos y diarrea: la guía práctica de rehidratación que toda familia debería tener a mano.
Hay un momento que cualquier madre o padre reconoce.
El niño vomita justo después de beber un sorbo de agua y aparece la idea automática: “Si lo echa todo, mejor no darle nada más.”
Es comprensible.
Pero suele ir justo en la dirección contraria a lo que ayuda.
La rehidratación en casa es uno de esos escenarios donde la intuición y la fisiología no siempre coinciden. Y entender dos o tres principios básicos puede evitar una noche interminable o incluso una visita a urgencias.
El vómito no significa que haya que parar
Que vomite no implica que debamos suspender los líquidos.
Mientras hay vómitos o diarrea, el cuerpo sigue perdiendo agua y sales. Si no las reponemos, el riesgo de deshidratación aumenta justo cuando más necesitamos evitarla.
Lo que cambia no es si damos líquido, sino cómo lo damos.
La técnica que mejor funciona
Cuando un niño vomita, lo habitual es intentar compensar rápido: un vaso entero, medio biberón, un buen trago de suero.
Y vuelve a vomitar.
No porque el líquido sea “malo”, sino porque un estómago irritado no tolera volumen.
La pauta más eficaz sigue siendo la misma:
- 5 ml cada 5 minutos.
- Mantener ese ritmo un buen rato.
- Subir despacio si lo tolera.
Un estómago que protesta no quiere cantidad: quiere frecuencia.
¿Y si vuelve a vomitar?
No es un fracaso.
Se espera unos diez minutos, se baja aún más la cantidad y se empieza de nuevo.
La clave es la paciencia, sobre todo de madrugada, cuando todos están agotados.
Qué ofrecer
Las soluciones de rehidratación oral de farmacia siguen siendo la opción más eficaz.
Están diseñadas para que el intestino absorba agua incluso cuando está inflamado.
Si toma pecho, la lactancia continúa.
No necesita “descansar el estómago”.
Ondansetrón: qué sabemos ahora (2025–2026)
En los últimos dos años han aparecido estudios que han cambiado el panorama.
Hasta hace poco, el ondansetrón se usaba casi exclusivamente en urgencias, como dosis única, para facilitar la rehidratación oral.
Ahora tenemos datos más sólidos sobre su uso después del alta.
Evidencia nueva
- Ensayo multicéntrico (NEJM, 2025):
Administrar ondansetrón en casa, en las primeras 48 horas tras la visita a urgencias, redujo el riesgo de gastroenteritis moderada-grave en comparación con placebo. Los niños vomitaron menos y toleraron mejor la rehidratación. - Análisis ampliado en 2026:
Se confirma que el ondansetrón mejora los síntomas cuando se usa de forma puntual tras el alta, siempre en el contexto de vómitos que dificultan la rehidratación. - Ensayos previos ya habían demostrado que una dosis única en urgencias reduce la necesidad de suero intravenoso y disminuye ingresos.
El matiz importante
El ondansetrón puede aumentar la diarrea.
Esto ya se sospechaba, pero los estudios recientes lo confirman: frena el vómito, sí, pero puede acelerar el tránsito intestinal.
En un niño sin deshidratación real, ese balance es menos favorable.
En uno que no puede retener líquidos, el beneficio es claro.
Mi opinión clínica
El ondansetrón tiene un papel real y útil cuando el niño no consigue retener ni pequeñas cantidades y empieza a deshidratarse.
Pero no es el antiemético automático para cualquier gastroenteritis.
La técnica de las tomas pequeñas y frecuentes sigue resolviendo la mayoría de los casos sin necesidad de medicación.
La diferencia respecto a años anteriores es que ahora tenemos evidencia más sólida que respalda su uso tras el alta en los niños que realmente lo necesitan.
Por qué Aquarius, Coca-Cola y similares no sirven
El consejo es habitual: “Dale Aquarius, que tiene sales”.
La intención es buena, pero estas bebidas están pensadas para deportistas que sudan, no para niños con gastroenteritis.
Tienen demasiado azúcar y muy poca sal para lo que se pierde con vómitos y diarrea.
Ese desequilibrio puede empeorar la diarrea y no rehidrata bien.
Si es lo único que hay en casa, puede servir como puente mientras se consigue un suero oral.
Pero no debería ser la estrategia principal.
Remedios caseros: los que tienen sentido y los que no tanto
Agua de arroz
Probablemente el remedio casero con mejor respaldo.
Aporta agua y almidón y puede disminuir el volumen de las deposiciones.
Sopa de zanahoria de Moro
La cocción prolongada genera compuestos que dificultan que algunas bacterias se adhieran al intestino.
Sigue teniendo valor.
Suero casero
Solo como emergencia.
La receta clásica funciona, pero exige precisión.
Un exceso mínimo de azúcar o sal puede ser contraproducente.
Plátano
Aporta potasio.
No rehidrata, pero ayuda cuando ya tolera algo de comida.
Infusiones
La mayoría tienen más tradición que evidencia.
El jengibre puede reducir las náuseas.
La manzanilla alivia molestias, pero no rehidrata.
Cuando el niño no quiere beber
El suero sabe raro.
No es capricho.
Cambiar la herramienta suele ayudar:
- jeringa
- cucharilla
- sorbos mínimos
- cantidades casi simbólicas
Y un truco muy eficaz: el frío.
El suero frío se tolera mejor, incluso en forma de polos o cubitos.
Si aun así no hay manera, en mayores de seis meses puede ser más útil que beban algo aceptable —aunque no sea perfecto— a que no beban nada.
Cómo reconocer signos de deshidratación
Conviene consultar si aparecen:
- boca seca
- pocas lágrimas
- ojos hundidos
- menos pañales mojados
- orina escasa
- decaimiento
- somnolencia llamativa
- manos o pies fríos
Cuándo ir a urgencias
Es recomendable valorar al niño si:
- tiene menos de 3 meses
- vomita verde
- hay sangre en las heces
- tiene dolor abdominal intenso
- rechaza líquidos durante horas
- no orina
- está muy decaído
- no retiene ni pequeñas cantidades administradas con cuchara o jeringa
Si solo te quedas con una idea
Que vomite no significa que no puedas hacer nada.
Significa que hay que cambiar la estrategia.
Cinco mililitros cada cinco minutos.
Con calma.
Con una cuchara, una jeringa o un polo de suero.
Y, cuando sea posible, con una solución de rehidratación oral.
En gastroenteritis, muchas veces el objetivo no es que beba mucho.
Es que absorba lo que bebe.