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Tos y mocos

Es un virus, pero cual

9 dic. 2025 • 6 min de lectura • Revisado:
Es un virus, pero cual

❄️ Temporada alta de mocos: Por qué los niños encadenan un virus tras otro, qué ha cambiado en los tres últimos inviernos y cuándo hay que consultar

En septiembre, en la mochila de la guardería caben el almuerzo, una muda de repuesto y un paquete de pañuelos. En noviembre ya son dos paquetes y la muda es para el jersey, que ha recibido un estornudo a bocajarro. Bajan las persianas, sube la calefacción y los virus salen de fiesta. Las guarderías se convierten en pequeños festivales biológicos donde los niños comparten gérmenes con la misma alegría con la que los padres comparten memes de cansancio.

Y en la consulta llega la conversación de todos los años:

—Doctor, ¿qué tiene? —Un virus. —¿Pero cuál? —El de esta semana.

No es una forma de escurrir el bulto. Es ciencia, algo de paciencia y un poco de resignación.

Los sospechosos habituales

Hay muchos, y algunos parecen sacados del reparto de La que se avecina. Estos son los que más vemos en la consulta:

Los tres últimos tienen vacuna eficaz desde hace décadas y solo vuelven cuando bajan las coberturas. En el caso del sarampión, esto ya ha dejado de ser una advertencia teórica, como explico más abajo.

Los tres últimos inviernos

Esta lista de virus es la de siempre, pero lo que ha pasado con ella en los tres últimos inviernos no ha sido lo de siempre.

2023-2024, el primer invierno con anticuerpo frente al VRS. Por primera vez, los bebés recibieron nirsevimab, un anticuerpo que se pone en una sola inyección y los protege durante los meses de riesgo. En Cataluña se inmunizó al 87 % de los menores de seis meses, y entre octubre y enero los ingresos por bronquiolitis por VRS en ese grupo bajaron un 87 % y los ingresos en la UCI un 90 %, según el balance del Departament de Salut. Muchos pediatras que llevamos décadas viendo llenarse las plantas cada diciembre no habíamos visto nada parecido. Ese invierno la gripe fue sobre todo de tipo A, con el pico de infecciones respiratorias en la semana de Navidad, según el Instituto de Salud Carlos III.

2024-2025, el invierno de la gripe. La gripe fue el principal virus respiratorio de la temporada y causó más de 33.000 hospitalizaciones en España entre octubre y mayo. Los menores de cinco años y los mayores de sesenta fueron los grupos más afectados. En los menores de un año, el VRS siguió siendo el virus que más ingresos provocaba, unos diez por cada mil niños, aunque la inmunización llegó al 90 % de los bebés. La COVID dejó las cifras de ingresos más bajas desde el inicio de la pandemia (ISCIII, recogido por Infosalus).

2025-2026, el invierno del subclado K. En agosto de 2025 apareció una versión de la gripe A(H3N2) bastante cambiada, conocida como «subclado K», que adelantó la temporada en toda Europa. Tenía los mismos síntomas que cualquier gripe. Lo que la hacía distinta era su capacidad para esquivar parte de las defensas de años anteriores. Aun así, la vacuna protegió a entre el 47 % y el 72 % de los niños, según nueve estudios europeos reunidos en Eurosurveillance.

Ese mismo invierno llegó una noticia menos llamativa y más preocupante. En enero de 2026, la OMS dejó de considerar a España un país libre de sarampión, junto con el Reino Unido, Austria y otros tres países. En España hubo 227 casos confirmados en 2024 y 397 en 2025, y la incidencia más alta se dio en menores de un año y en niños de uno a cuatro años (iSanidad; ISCIII). La cobertura con la primera dosis sigue siendo muy alta, del 96,7 %. La de la segunda, del 93,8 %, se queda por debajo del 95 % que hace falta para cortar la transmisión. En el sarampión, un punto de cobertura tiene mucho peso, y los más expuestos son los bebés que todavía no tienen edad para vacunarse.

Para este otoño, la vacuna de la gripe se ha actualizado frente a la variante K, y Cataluña empieza su cuarta temporada de anticuerpo frente al VRS. A finales de septiembre ya estaba subiendo la COVID, con las bronquitis en menores de cinco años casi duplicadas en una semana, y el VRS todavía no había aparecido en las muestras.

¿Y no se puede saber cuál tiene?

Sí se puede. Una PCR múltiple le pone nombre y apellido al virus, pero cuesta dinero, tarda y, salvo en bebés muy pequeños, niños con enfermedades de base o ingresos, no cambia lo que hay que hacer. Casi todos se tratan igual. Hay que ofrecer líquidos a menudo y en poca cantidad, hacer lavados nasales antes de las tomas y de dormir, dar antitérmico si la fiebre le hace estar incómodo y dejar que descanse, con mimos y bastante paciencia.

Por eso, cuando digo «es un virus», no es que no sepa cuál. Sé que hay decenas de candidatos y que conocer el nombre del ganador no cambiaría nada de lo que vais a hacer esta noche en casa.

Verde, con sal y sin jarabes

Que el moco sea verde no quiere decir que haya bacterias. El color viene de los glóbulos blancos que acuden a la nariz a pelear contra el virus, que llevan una enzima de tono verdoso. A mitad de un catarro es lo normal, y no es motivo para pedir antibiótico, que no actúa contra los virus. Lo que sí merece consulta es el tiempo: unos mocos que siguen igual pasados diez días, o un niño que parecía mejorar y vuelve a empeorar.

El agua con sal funciona mejor de lo que pensábamos. En 2024, un ensayo de la Universidad de Edimburgo con 407 niños de hasta seis años encontró que las gotas de agua salada concentrada acortaban los síntomas del catarro de ocho a seis días, y además se contagiaban menos familiares. En los bebés, el suero fisiológico de siempre. En los mayores, el agua de mar hipertónica de farmacia, que escuece un poco al principio.

Los jarabes para el catarro no ayudan a los niños pequeños. Los mucolíticos, como la acetilcisteína o la carbocisteína, están contraindicados en menores de 2 años porque pueden empeorar la obstrucción. Los antitusivos y los descongestionantes tampoco han demostrado beneficio a esas edades. Y algunos jarabes combinados llevan paracetamol, así que, sumados al antitérmico de siempre, se puede duplicar la dosis sin darse cuenta.

«Lleva tres meses resfriado»

Casi nunca es un solo resfriado que dura tres meses. Suelen ser cuatro catarros seguidos, uno detrás de otro. Según la Academia Americana de Pediatría, la mayoría de los niños pasan entre ocho y diez catarros solo en sus dos primeros años, y más si van a guardería o tienen hermanos en el colegio. Cada catarro dura de siete a diez días, y la tos puede alargarse algo más. Con esas cuentas, entre octubre y marzo apenas quedan semanas sin mocos.

Eso no significa que tenga las defensas bajas. Cada virus que pasa deja una memoria inmunitaria que sirve contra ese virus y poco más, y por eso los primeros inviernos de guardería son los peores y los siguientes se van suavizando. El sistema inmune de los padres también se entrena, aunque con más ojeras que anticuerpos.

Cuándo sí hay que consultar

Hay que consultar si la fiebre dura más de tres días o vuelve después de haberse ido. También si respira deprisa o con esfuerzo, se le marcan las costillas o se queja al respirar, si rechaza los líquidos, moja pocos pañales o está decaído incluso cuando le baja la fiebre, o si la tos o los síntomas empeoran cuando parecía que ya mejoraba. En un bebé de menos de tres meses, cualquier fiebre de 38 ºC o más es motivo para ir a urgencias.

Y hay una razón que no aparece en las guías y que llevo toda la vida escuchando: «no sé qué le pasa, pero no está como siempre». Cuando un padre o una madre me dicen eso, lo tomo como un dato clínico más, porque muchas veces lo es.

El lado bueno del caos viral

Cada moco, cada tos y cada noche en vela forman parte de un aprendizaje que el cuerpo del niño hace una sola vez. Y los padres, de paso, aprenden a distinguir tipos de tos como si fueran timbres de puerta.

La próxima vez que escuches «es un virus», abre el suero, repón los pañuelos y apunta en la agenda la vacuna de la gripe, que es de lo poco que este invierno depende de nosotros. El invierno pasará, los virus también, y conviene que el sentido del humor aguante hasta entonces.

Dr. Jose A. Bilbao Pediatra

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