Radiografía de una lata: ¿Qué bebe realmente un adolescente cuando toma una BEBIDA energética?
Qué lleva una lata, cuánto se consume en España, cómo se vende a los adolescentes y por qué por fin empieza a regularse
Revisado y actualizado el 1 de octubre de 2026 con los datos de ESTUDES 2025 y el anteproyecto de ley del Ministerio de Consumo.
Tiempo de lectura: 7 minutos
Te lo resumo. Una lata pequeña de bebida energética lleva tanta cafeína como un café, y la grande, el doble. En España se compran cada año más, y casi cuatro de cada diez estudiantes de 14 a 18 años las tomaron el último mes. Las marcas no venden cafeína sino pertenencia, y Prime ha llevado ese marketing a las redes de los más jóvenes. El Ministerio de Consumo prepara una ley para prohibir su venta a menores de 16 años.
Casi nunca una familia viene a la consulta a hablarme de bebidas energéticas. Me cuentan que el chaval duerme mal, que está más irritable, que le duele la cabeza a menudo o que las notas han empezado a bajar sin motivo aparente. Con los años he aprendido a hacer una pregunta que parece de relleno: «¿Y qué bebes durante el día?». La respuesta suele llegar con un encogimiento de hombros: «Nada, solo una energética de vez en cuando».
Para muchas familias eso es un refresco algo más fuerte. Después de muchos años viendo corazones jóvenes latir más deprisa de lo que deberían, yo no lo veo así. En esta entrada quiero explicar por qué, empezando por lo más concreto, que es lo que hay dentro de la lata.
Qué lleva una lata
El ingrediente que importa es la cafeína. Una lata de 250 ml de Red Bull lleva 80 mg, más o menos lo que un café, y la de 500 ml de Monster, que es la que más veo en manos adolescentes, lleva 160 mg (Reason Why). Algunas añaden guaraná, que es otra fuente de cafeína, así que la dosis real puede ser mayor que la que uno calcula leyendo la etiqueta.
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Bebida |
Envase |
Cafeína aproximada |
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Taza de café |
1 taza |
80 mg |
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Energética estándar |
Lata de 250 ml |
80 mg |
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Energética grande |
Lata de 500 ml |
160 mg |
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Prime Energy (versión
estadounidense) |
Lata de 355 ml |
200 mg |

Las versiones con azúcar aportan entre 27,5 y 30 gramos en la lata pequeña y el doble en la grande, según la AESAN. Las «zero» cambian el azúcar por edulcorantes, pero conservan toda la cafeína, y el adolescente que las elige pensando que son la opción sana recibe el mismo estímulo.
El resto de la lista suena a laboratorio y aporta sobre todo argumentos de venta. La taurina, un aminoácido que el propio cuerpo fabrica, se añade en torno a un gramo por lata con la promesa de mejorar el rendimiento, algo que en este contexto no está demostrado. Algunas marcas incluyen glucuronolactona, un derivado de la glucosa, y casi todas presumen de vitaminas del grupo B que un adolescente sano con una dieta normal ya obtiene de la comida. Ginseng, L-carnitina, inositol o extractos vegetales completan un envase que promete más de lo que la evidencia respalda.
Lo que dicen las cifras
En 2025 los españoles compraron 105 millones de litros de bebidas energéticas en supermercados e hipermercados, un 13,7 % más que el año anterior, y gastaron casi 300 millones de euros, un 38,7 % más que cuatro años antes, según la consultora Circana. Una de cada cuatro personas en España dice tomarlas, con una media de algo más de dos veces por semana. Eso ya no tiene aspecto de moda pasajera.

En los adolescentes el dato impresiona más. La encuesta ESTUDES de 2023 encontró que el 47,7 % de los estudiantes de 14 a 18 años había tomado una bebida energética en los últimos 30 días, la cifra más alta desde que se empezó a medir, con un 54,4 % en los chicos y un 40,7 % en las chicas. Casi uno de cada cinco, el 19,5 %, la había mezclado con alcohol en ese mismo mes (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones). En la edición de 2025 el consumo bajó al 38,4 %, con un 45,7 % en los chicos y un 31 % en las chicas (AESAN). Es una bajada real, y aun así sigue tomándolas más de uno de cada tres. Lo que más me inquieta es la edad de entrada. En un estudio piloto con escolares de 12 y 13 años, el 37,7 % las había tomado en el último mes y el 10,2 % mezcladas con alcohol (FAPap).
El reparto por sexos tampoco se parece al del alcohol, donde a estas edades las chicas beben tanto o más que los chicos. Con las energéticas, los chicos van claramente por delante. Probablemente las razones sean otras: el deporte, las partidas de videojuegos que se alargan de madrugada, los exámenes o la imagen de fuerza que acompaña a la lata.
Las marcas del pasillo del supermercado
Los adolescentes no consumen «bebidas energéticas». Consumen Monster, Red Bull, Burn, Coca-Cola Energy o la marca blanca que está al lado, y cada una vende algo más que cafeína. Monster se asocia al riesgo y a los deportes extremos, Red Bull al rendimiento y a la hazaña, y todas compiten por ocupar un sitio en la identidad de un chico de quince años, que es justo la edad en la que uno está decidiendo quién quiere ser. Detrás de cada lata hay una estrategia de marketing muy sofisticada, y enfrente, un chaval que todavía está aprendiendo a detectarla.

Prime, un caso aparte
Prime merece un apartado propio, aunque no sea la más vendida ni la de composición más agresiva, porque su lógica es distinta. La crearon los youtubers Logan Paul y KSI, y su terreno son TikTok, YouTube y los directos de sus creadores. Lo que se compra con una Prime es un pedazo de la vida de alguien a quien el niño sigue cada día en el móvil.
Además, bajo el mismo nombre conviven dos bebidas muy distintas. Prime Hydration no lleva cafeína. Prime Energy, en su versión estadounidense, lleva 200 mg por lata de 355 ml, más del doble que un Red Bull pequeño, y llega a España sobre todo por importación y tiendas online. Las latas se parecen mucho, y ni muchos adolescentes ni muchas familias saben distinguirlas.
Lo que creen y lo que sabemos
Muchos adolescentes piensan que son bebidas para deportistas, que ayudan a estudiar, que las zero no hacen daño y que, si se venden en el súper, no pueden ser malas. La evidencia cuenta otra cosa.

La AESAN calcula que más de 60 mg de cafeína pueden alterar el sueño de un chico de 11 a 17 años, y eso son unos 200 ml de bebida energética, menos que una lata pequeña. A partir de 160 mg, lo que lleva una lata grande, se describen efectos psicológicos, cambios de conducta y alteraciones cardiovasculares (Xataka, citando a la AESAN). Mezclarlas con alcohol enmascara la sensación de embriaguez y lleva a beber más. Y el hecho de que estén en la estantería solo significa que se pueden vender a quien la ley permita, que hasta ahora ha sido a cualquiera.
La regulación se mueve
Cuando una sociedad empieza a legislar sobre algo, suele ser porque el problema ya ha dejado de parecer menor, y en dos años la regulación ha cambiado más que en la década anterior. Galicia aprobó en diciembre de 2025 una ley que prohíbe la venta y el consumo de bebidas energéticas a menores de 18 años, con un trato similar al del alcohol, y Asturias tramita otra que lo hará hasta los 16. En 2025, el Real Decreto de Comedores Escolares Saludables y Sostenibles prohibió su venta en los centros escolares de todo el país.
En febrero de 2026, el Ministerio de Consumo anunció una ley estatal que prohibirá vender cualquier bebida energética a menores de 16 años y ampliará la prohibición hasta los 18 para las que superen 32 mg de cafeína por cada 100 ml. El anteproyecto ya ha pasado a consulta pública, pero todavía no está en vigor. Tiene un detalle que conviene vigilar: las marcas más habituales llevan justo 32 mg por 100 ml, así que lo que ocurra entre los 16 y los 18 años dependerá mucho de cómo quede redactado ese umbral.
Según el barómetro de la AESAN, nueve de cada diez personas en España apoyan la medida. Pocas veces se ve un consenso así.
Lo que hemos normalizado
Durante años hemos dado por normal que un niño de 12 años entre en un supermercado y salga con una bebida diseñada para estimular su sistema nervioso, con aspecto de refresco, colocada junto a los refrescos y con una sensación de riesgo casi nula. Eso está empezando a cambiar, y el primer paso cabe en casa: hacer la misma pregunta que hago yo en la consulta, mirar la etiqueta con ellos y comprobar si la lata de la mochila dice Hydration o Energy.
Queda la pregunta más importante, que dejo para la próxima entrada: qué hacen de verdad estas bebidas en el cuerpo y en el cerebro de un adolescente.