Ya está aquí la gripe y no viene sola
Los virus del invierno 2026-2027 y por qué casi nunca hace falta ponerles nombre
Te lo resumo. En invierno circulan a la vez muchos virus, y en los primeros años de guardería o colegio es habitual encadenar uno tras otro. Distinguirlos por los síntomas casi nunca es posible, y lo útil es reconocer los signos de alarma. La vacuna de la gripe de este año está actualizada frente a la variante que dominó el invierno pasado. Este otoño ha empezado con la COVID al alza, y el VRS llegará más adelante.
Todos los años, cuando empiezan el colegio y la guardería, empieza también la temporada de los virus. Las consultas se llenan de niños con fiebre, mocos, tos y alguna diarrea, y los pediatras repetimos la misma frase una y otra vez: "Tranquilos, es un virus y se pasará solo". Algunos padres preguntan entonces: "¿Y qué virus es?". Es lo que intentaremos aclarar hoy, aunque muchas veces la respuesta es que no lo sabemos, y que casi nunca hace falta saberlo.
Los niños encadenan un virus tras otro porque en invierno coinciden decenas de virus de familias distintas, y la inmunidad que deja cada uno sirve contra ese y poco más. Solo de rinovirus, el del catarro común, se conocen más de un centenar de tipos. Pasar uno la semana pasada no protege del adenovirus de esta semana ni de la gripe del mes que viene. En los primeros años de guardería, seis u ocho catarros por temporada entran dentro de lo esperable, y con cada uno el sistema inmune incorpora un virus más de los muchos con los que el niño convivirá toda su vida. Para la casa entera son semanas agotadoras.
El invierno pasado
En agosto de 2025 apareció una versión de la gripe A(H3N2) bastante distinta de las anteriores. Los virólogos la clasificaron como J.2.4.1 y en los medios se la conoció como "subclado K" o "variante K". Se extendió por todo el mundo en pocas semanas, adelantó la temporada en Europa y causó la mayoría de las gripes de ese invierno, según resumió la OMS en febrero de 2026. Se habló de ella como de un virus aparte, con síntomas propios, cuando era gripe A con la fiebre alta de golpe, el dolor muscular y el agotamiento de siempre. Lo que la distinguía era su capacidad para esquivar parte de la inmunidad de temporadas anteriores.
En el Hospital Son Espases de Palma, Jordi Reina y Nerea Espinosa estudiaron ocho niños que llegaron con la cara hinchada por una parotiditis, todos vacunados de paperas. Ninguno tenía el virus de las paperas y cinco tenían gripe A del subclase K, como publicaron en Anales de Pediatría en julio de 2026. La gripe también puede inflamar la parótida, y en plena epidemia es una explicación más probable que unas paperas en un niño vacunado.
Aunque el virus había cambiado, la vacuna siguió protegiendo, sobre todo a los niños. Nueve estudios europeos reunidos en Eurosurveillance en febrero de 2026 estimaron una efectividad de entre el 47 % y el 72 % en la infancia, frente al 25-45 % en el conjunto de la población. Está lejos del cien por cien, pero con un virus que había cambiado evitó la gripe en al menos la mitad de los niños vacunados que la habrían pasado.
La gripe y su vacuna
La OMS actualizó en febrero la vacuna para 2026-2027 con una nueva cepa H3N2 (A/Darwin/2025), elegida tras la expansión del subclase K, además de una H1N1 y una gripe B también renovadas. El Ministerio de Sanidad sitúa el inicio de la campaña en la última semana de septiembre y durante octubre, y la recomienda a todos los niños de 6 a 59 meses y, a partir de los 5 años, a quienes tienen alguna condición de riesgo.
En Cataluña, el Govern ha adquirido 1,6 millones de dosis y ofrece la vacuna intranasal, en espray por la nariz, a los niños de 24 a 59 meses. El Comité Asesor de Vacunas de la AEP propone vacunar a todos los niños y adolescentes de 6 meses a 17 años, y alguna comunidad empieza a acercarse a esa idea, como Castilla y León, que este año la ha extendido hasta los 11 años.
La vacuna tarda unas dos semanas en proteger, así que octubre y noviembre son mejores meses que enero. Y un niño menor de 9 años que se vacuna de gripe por primera vez necesita dos dosis separadas por cuatro semanas.
Entre la gripe A y la B hay menos diferencias de las que se cuentan. En los niños, cualquiera de las dos puede traer vómitos, diarrea o dolor de tripa. Lo más propio de la gripe B es la miositis aguda benigna, el niño que al bajarle la fiebre se niega a caminar o anda de puntillas porque le duelen los gemelos. Asusta mucho y se resuelve sola en pocos días, pero merece una visita para comprobar que la orina es normal. La tos que queda después de cualquier gripe puede durar dos o tres semanas.
COVID y VRS
A finales de septiembre la gripe apenas circula y la COVID sí. En la semana del 14 al 20 de septiembre, la incidencia en atención primaria subió un 70 % en siete días, hasta 85 casos por 100.000 habitantes, con predominio de la variante XFG y pocos ingresos. En esa misma semana las bronquitis y bronquiolitis en menores de 5 años casi se duplicaron, de 56 a 103 casos por 100.000, sin que el VRS apareciera todavía en las muestras. En un niño sano, la COVID se comporta hoy como un catarro más.
El virus respiratorio sincitial es el principal causante de bronquiolitis en los bebés y el que más ingresos pediátricos provoca cada invierno. Aún no se detecta, pero llegará. Cataluña empieza su cuarta temporada con nirsevimab, un anticuerpo que se pone en una sola inyección y protege al bebé durante los meses de riesgo, con 57.500 dosis previstas. Los nacidos entre abril y septiembre de 2026 lo reciben en su centro de salud, y los que nazcan entre octubre de 2026 y marzo de 2027, al nacer. Europa ha aprobado además un segundo anticuerpo con el mismo fin, el clesrovimab. Si tu bebé nació en esas fechas y no lo ha recibido, pregunta en tu centro de salud.

Los demás virus respiratorios
El rinovirus da el catarro de toda la vida, con mocos abundantes, estornudos, tos y poca o ninguna fiebre. Es leve, aunque en los bebés con tendencia a pitos y en los niños con asma desencadena muchas crisis.
El adenovirus puede parecer una amigdalitis bacteriana, con placas incluidas, o juntar fiebre alta, garganta roja y ojos con legañas en lo que llamamos fiebre faringoconjuntival. A veces trae también diarrea. Lo que más desconcierta a las familias es una fiebre alta de cuatro o cinco días, a veces más, que puede volver tras un día de tregua. No tiene tratamiento específico, así que se trata con líquidos, control de la fiebre y vigilancia.
El metapneumovirus se parece mucho al VRS, puede causar bronquiolitis y circula sobre todo al final del invierno y en primavera. La parainfluenza causa la mayoría de las laringitis, con tos "de perro", voz ronca y un ruido al tomar aire (estridor) que suele aparecer de madrugada. Los coronavirus estacionales, de la misma familia que el de la COVID, producen catarros comunes con una tos que a veces se alarga.
Los virus digestivos
El norovirus empieza de forma brusca. Un niño que estaba jugando vomita varias veces seguidas, puede tener diarrea acuosa y poca fiebre, y en uno a tres días lo peor ha pasado, aunque el intestino tarde algo más en normalizarse. En los últimos años una versión llamada GII.17 ha ido desplazando a la cepa que dominaba desde hacía una década, con temporadas intensas en Estados Unidos y en varios países europeos. Se contagia con muy pocas partículas y los geles hidroalcohólicos apenas le afectan, así que las manos se lavan con agua y jabón y el baño, los pomos y las superficies se limpian con lejía diluida.
El rotavirus fue durante décadas la gran causa de deshidratación en los lactantes. Desde enero de 2025 su vacuna forma parte del calendario sistemático en Cataluña, por vía oral a partir de los 2 meses, y el Consejo Interterritorial fijó el final de 2025 como plazo para que la incorporaran todas las comunidades. El sapovirus y el astrovirus causan gastroenteritis más leves, frecuentes en menores de tres años.
¿Hace falta saber cuál es?
Casi nunca. Los síntomas se solapan tanto que ni la fiebre, ni el aspecto de la garganta, ni el color de los mocos dicen qué virus tiene un niño. Hay pruebas rápidas para gripe, COVID o VRS que sirven en casos concretos, como un bebé muy pequeño, un niño con una enfermedad de base o la decisión de dar oseltamivir a un niño de riesgo con gripe. En la mayoría de los niños sanos, el nombre del virus no cambia lo que hay que hacer en casa. La tabla que sigue es solo orientativa, y muchos niños no se ajustarán a ella.
Cuándo consultar
Hay que ir a urgencias sin esperar si un bebé menor de tres meses tiene 38 ºC o más, si el niño respira deprisa, se le marcan las costillas o el hueco sobre el esternón, se queja al respirar o tiene los labios azulados, si no bebe, lleva muchas horas sin mojar el pañal u orinar o vomita todo lo que toma, si aparecen manchas en la piel que no desaparecen al estirarla o presionarla con un vaso, o si tiene una convulsión.
Conviene pedir cita, sin carreras, cuando la fiebre dura más de cinco días o vuelve tras uno o dos días sin ella, cuando duele un oído o cuando la tos, en lugar de ir a menos, va a más.
Y vale la pena fijarse en cómo está el niño cuando le baja la fiebre. Si con el antitérmico vuelve a jugar, a pedir cosas o a protestar, eso tranquiliza más que cualquier cifra del termómetro. Si sigue apagado y sin interés por nada, tenemos que verlo. También si quien lo cuida nota que no es el de siempre, aunque no sepa explicar por qué.
Este invierno
Habrá noches de vómitos, toses que no dejan dormir a nadie y mañanas de dudar si hoy va al cole. Lo que está en nuestra mano es poco y concreto: vacunar de gripe en otoño, pedir el anticuerpo del VRS si el bebé nació en fechas, lavarse las manos con agua y jabón cuando hay vómitos en casa y dejar que el niño descanse los días que lo necesite.
Dr. Jose A. Bilbao Pediatra